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Sigue la vida itinerante del P. Leovigildo en servicio de las diver– sas fraternidades de nuestra Provincia: en 1963 está en Jesús de Medinaceli y, en otoño del mismo año, pasa a Gijón como Vicario de la fraternidad. En 1966 vuelve a Bilbao y, en septiembre de 1968, a San Antonio, que será su residencia definitiva. A partir de esta fecha, la salud del P. Leovigildo se fue debilitan– do paulatinamente a causa de varias enfermedades: diabetes, insufi– ciencia cardíaca y anemia. Después de haberle prodigado los mejores cuidados en el Gran Hospital, de Madrid, falleció el 27 de junio de 1969, a los 67 años de edad, 51 de capuchino y 43 de vida sacerdotal. Basta leer las anteriores líneas para darse cuenta de que el P. Vegamián fue un rdigio:m plenamente dedicado al ::iervicio de nuestras fraternidades : pasó por casi todos los conventos de la Pro– vincia y en todos ellos tuvo algún cargo de responsabilidad. Particularmente dificil debió resultarle su misión durante y des– pués de la Guerra Civil, cuando las dificultades económicas y la escasez de los alimentos se dejaron sentir en nuestras fraternidades ; con mucha fe en Dios y con un gran sentido práctico consiguió paliar muchas de estas necesidades. Las actividades de gobierno y administración de nuestros con– ventos le dejaron tiempo, sin embargo, para ejercer también los ministerios específicamente sacerdotales: la predicación de ejerci– cios espirituales a religiosas y el apostolado del confesonario com– pletaron su vida de consagración al Señor y de servicio a los demás. El P. Leovigildo fue, ante todo, un hombre trabajador dotado de exqui– sito sentido práctico de la vida, que le ayudó a solventar muchas dificulta– des y a realizar una encomiable gestión administrativa en nuestros con– ventos. Era ahorrativo y poco dado a dilapidar los bienes materiales, quizá 513

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