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físicas que le obligaron a disminuir sus trabajos ordinarios en el seminario: el diagnóstico de los médicos fue poco esperanzador, ya que se trataba de un caso grave de leucemia. Todas las atenciones que se le prestaron fueron inútiles; des– pués de varias semanas de sufrimientos, en las que edificó a los religiosos por su serenidad y paciencia, y tras una santa preparación para recibir a la hermana muerte, falleció en El Pardo el 26 de junio de 1949, a los 34 años de edad, 16 de vida religiosa y solamente 6 de vida sacerdotal. Los pocos años de su vida los agotó prácticamente trabajando como profesor en el seminario de El Pardo: además de impartir las clases que le fueron asignadas, tuvo a su cargo la dirección de la schola cantorum del colegio, siéndole confiado, al mismo tiempo, el cargo de organista en las ceremonias litúrgicas que se celebraban en palacio con la asistencia de su Excelencia el Jefe del Estado. No pudo concluir los estudios de piano que había comenzado en el Real Conservatorio de Madrid. El P. Meire tenía excelentes cualidades para las actividades musicales. Sus canciones profanas y, sobre todo, sus «villancicos» -muchos de ellos con letra del P. Bernardino de la Granja- se pueden escuchar todavía en la misa de Nochebuena, cantados por los mismos religi,osos de la fraternidad de El Pardo, que de esta manera reconocen su valer y rinden un homenaje al hermano que los compuso en este mismo convento. Fue un hombre de gran capacidad artística, de nobles sentimientos y, a veces, con tintes de una fina ironía, que hacia agradable su conversación. Durante su enfermedad dio testimonio de gran resignación, aceptando cristianamente la voluntad de Dios. BIBLIOGRAFÍA: AO 65 (1949) 197; BOP 2 (1949) 60 s; «El Niño Seráfico», n. 0 170 Qulio-agosto, 1949). 509

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