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que más hábilmente desempeñó. En las huertas que tuvo a su cargo dio muestras de sus facultades y buen hacer, cultivándolas con cari– ño y ánimo generoso, para complacer y ayudar a los demás. En su afán de practicar la sencillez y humildad franciscanas fue la virtud del trabajo una de las más ejemplarizantes: trabajo duro y costoso, callado y eficaz; trabajo con el que tantos problemas domésticos se solucio– nan cada día, sin que frecuentemente tengan otra gratificación que la ale– gría del deber cumplido. Y, con el trabajo, la oración. En la vida del Hno. Egidio la vida de piedad no fue la <fácil ocupación de los hombres desocupados»:fue el com– plemento natural de las ocupaciones materiales con que intentó profundi– zar en su vida religiosa y dar un sentido trascendente a su vocación de hermano capuchino. BIBLIOGRAFÍA: BOP 29 (1976) 154 s. 500

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