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trasladó a Santa Elena, regresando nuevamente a Luepá en el mes de junio. Allí permaneció hasta diciembre de 1941, fecha en que fue enviado a Upata. Desde Upata pasó a Araguaimujo el 29 de diciembre de 1942; el 14 de junio de 1943 a Tucupita, y, el 12 de enero de 1945, a Upata, por tercera vez, hasta el 25 de julio de 1946, en que salió con desti– no a España, después de haber permanecido en la misión del Caro– ní diecisiete años. Durante esta nueva etapa de su vida en la Provincia los superio– res le destinaron a los conventos de El Pardo (1946-1947); Sala– manca (1947-1955); León (1955-1956); nuevamente El Pardo (1956-1958); Valladolid (1958-1967) y Gijón (1967-1970). En estas ü ateutidades desempciló los oficios de hortelano, zapatero, cocine– ro y sacristán. En 1970 solicitó de los superiores ser reintegrado a las misiones de América, quedando agregado a la Viceprovincia y residiendo sucesivamente en Maracaibo (1970-1973); La Merced (Caracas (1973-1976) y Valencia (1976-1982). En junio de 1982 vino a España con el fin de pasar una tempo– rada de vacaciones en compañía de su familia: un accidente de co– che, producido en su mismo pueblo natal de Mellanzos, acabó con su vida, el 10 de junio de 1982. Contaba 72 años de edad y 55 de vida religiosa. Fue enterrado en el cementerio de su lugar de nacimiento. El Hno. Lucio fue un religioso sacrificado y trabajador: las labo– res agrícolas y pecuarias, en las cuales se había especializado duran– te sus años jóvenes, fueron para él una experiencia sumamente útil, que aprovechó para el servicio de los religiosos, tanto en España como en tierras de misión. Hortelano, sacristán, cocinero... Cual– quier oficio que le confiase la obediencia era tomado en serio y desempeñado responsablemente por el Hno. Lucio. 495

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