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J ' UlUO Como «recadista» de la comunidad de Bilbao, nunca hizo muecas de desagrado ante los en– cargos de los religiosos, sino que trató de ser– virles con la entrega y sumisión de un au– téntico hermano. Incluso en sus ratos libres se ofreció a trabajar en la huerta paliando así, con su colaboración en los trabajos domésti– cos, muchas de las necesidades materiales de los religiosos. El P. Provincial,javier Platón, agradeció pú– blicamente los caritativos servicios prestados por el Hno. Ángel con su ejemplaridad de vida y generosa donación. Falledmiento . . . . . . . . . . . . Murió en Bilbao el 4 dejunio de 1975, próxi– mo a cumplir 72 años de edad. Nadie pudo detectar a tiempo la enfermedad que le llevó al sepulcro. Unos días antes de su fallecimiento había ex– perimentado ciertos descontroles en el funcio– namiento de su organismo: náuseas, mareos y acusado desequilibrio en su tensión sanguí– nea... Una desacostumbrada ausencia del Hno. Ángel al llegar la hora de cenar puso en alerta a los religiosos que, con lógica preocu– pación lefueron a buscar a su celda: ya había entregado su alma al Señor. BIBLIOGRAFÍA: AP, Actas del convento de Bilbao; BOP 28 (1975) 171 s. 482
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