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colegios de Vigo, Montehano y, de manera especial, en el colegio seráfico de El Pardo. En los cuatro últimos años de su vida, ya retirado de la actividad docente, siguió prestando su servicio generoso a la fraternidad de El Pardo, colaborando en la atención al culto de nuestra iglesia me– diante la predicación, celebración de misas, bodas y con la atención espiritual a las personas que acudían a él para solicitar su ayuda y sus conseJOS. El P. Ludovico vivió su vocación religiosa dedicado al trabajo y a la oración. A pesar de sus diferentes y pesados quehaceres, no le regateó a Dios el tiempo necesario para entrar en su intimidad, dedicándose a la medita– ción y a las prácticas de piedad. El rezo del santo rosario y la práctica del Vía crucis fueron habituales en su contacto diario con Dios. Digna de encomio fue la actividad realizada por él como profesor y formador de los seminaristas y hermanos: preocupado por la recta forma– ción de los futuros religiosos, preparaba con esmero todas sus clases, com– portándose, como profesor, con máxima responsabilidad en los trabajos de cada día. Con su dedicación, entusiasmo y cordialidad se ganó el respeto y la confianza de sus alumnos. Por otra parte, fue un hombre meticuloso y detallista en su trabajo, riguroso en el cumplimiento de los horarios y quizá -también hay que destacarlo- exageradamente servil en sus hábitos personales. Este rigorismo milimetrado en sus costumbres degeneró a veces en p e– queñas manías, que no siempre fueron bien asimiladas por los hermanos. Fue un religioso bien dispuesto para prestar servicios a los demás, amable con la gente y sumamente delicado en el trato con las personas, limpio en sus cosas y ordenado en el trabajo. Agradecido al Señor por el don de su sacerdocio y fiel a su misión de ayudar espiritualmente a los hombres, era en él característica la frase «que Dios le bendiga»: eran sus últimas palabras en las conversaciones con los amigos y personas de su confianza. BIBLIOGRAFÍA: BOP 42 (1989) 77 s; Flash, n.º 117 (1989) 58 s; «Paz», El Pardo: n.º 7 (1989) 17 s; AO 111 (1995) 172. 454

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