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Y muy ricos debieron ser los pensamientos del P. Barral para engen– drar una vida tan fecunda. Religioso espiritual y amante de la observan– cia; trabajador y feliz con su trabajo, nunca hizo alarde de sus éxitos justa– mente reconocidos y premiados. Sus importantes obras de investigación en todos los campos de la cultu– ra indigenista quedarán para la posteridad como un documento altamente cualificado en la historia de Venezuela. Recuerdo de él una frase que es todo un símbolo: -Padre, ¿cuándo va a terminar de escribir libros sobre los indios? -Hay que seguir trabajando, tocayo, porque aún no hemos hecho nada. Y comenzó a mover lentamente sus dedos sobre el teclado de un pequeño órgano electrónico que tenía en la celda... -Nada... (el órgano estaba desconectado). BIBLIOGRAFÍA: AO 111 (1995) 170; BOP 14 (1961) 130, 45 (1992) 183 s; VM 4 (1942) 292 s, 9 (1947) 177 s, 8 (1946) 169, 9 (1948) 131 342, 12 (1950) 225 s 261, 16 (1954) 301, 26 (1964) 240, 52 (1992) 12 s; Pacífico 82 s 236; Veinticinco 108 173 194 227 229 231; VM extr. (1949) 410 413 416 s. 440

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