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El 13 de mayo de 1963 se agravó notablemente su estado, falle– ciendo santamente el día 25 a consecuencia de un edema pulmo– nar. Contaba 89 años de edad y 73 de vida religiosa. Casi todas las actividades que desarrolló el P. Bemardino duran– te las tres primeras décadas de su vida religiosa, estuvieron concen– tradas en la educación de los religiosos jóvenes, bien desempe– ñando el cargo de profesor y director en nuestros colegios, o como instructor de los hermanos no clérigos. Un nuevo rumbo tomó su vida durante los últimos veinte años: la atención espiritual a los novicios; la predicación de triduos, nove– nas y ejercicios espirituales a religiosos y religiosas; y, sobre todo, la atención constante a los fieles en el confesonario, marcó esta última etapa de su vida. Muchas horas consumió generosamente con se– glares, religiosos y sacerdotes que acudían a él en busca de consejo y ayuda para sus almas. Fue confesor ordinario de las monjas capuchinas de Basurto. Trabajó también, durante catorce años, en la elaboración del calen– dario litúrgico de nuestra Provincia, y en la confección de un Ma– nual de indulgencias. Se conservan de él varios manuscritos sobre temas diversos de espiritualidad. El P. Bernardino fue un hombre sumamente trabajador, que no dejó pasar en balde sus días. Religioso de carácter sencillo, metódico y perfeccio– nista en su manera de obrar, inculcaba a todos, con su ejemplo, la exactitud de sus acciones. Estaba dotado de un carácter afable, delicado y modesto en el trato con las personas. Era sumamente limpio y ordenado tanto en las cosas comunes como en las de uso particular. Espiritualmente se pudo constatar en su vida un gran aprecio por la observancia regular, la pobreza, el amor a las glorias de la Orden y gran devoción por la práctica de las indulgencias, que siempre recomendaba a cuantos a él acudían en busca de consejo. 430

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