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Enviado, en 1925, a la Custodia de Venezuela, Cuba y Puerto Rico, llegó a la isla de Cuba en junio del mismo año, comenzando a prestar sus servicios en la parroquia de Bayamo. Pasados dos años, se trasladó a Venezuela el 2 de febrero de 1927, con el encargo de atender pastoralmente a los trabajadores del recientemente instala– do campo petrolero de Mene Grande. Caracas, Cumaná, El Tocuyo, Mérida, Valencia y Maracaibo re– cogieron los frutos de su actividad. En esta ciudad, donde se encon– traba ya en 1948, pasó la última parte de su vida, prestando los servicios habituales propios de su ministerio sacerdotal. Una lenta afección arteriosclerótica iba minando su memoria y, en general, toda su salud, quedando casi imposibilitado para la práctica de la¡; funciones sacerdotales. En la madrugada del 24 de mayo de 1966 falleció en su residen– cia de San Francisco de Maracaibo, a la edad de 76 años, 61 de vida religiosa y 52 de sacerdocio. El P. Celestino desarrolló una intensa actividad pastoral en las diversas etapas de su vida: la predicación en España; la catequesis en la parroquia de Bayamo; la organización de la vida parroquial en Mene Grande y el trabajo apostólico entre los obreros de los cam– pos petrolíferos..., fueron importantes muestras de su servicio gene– roso a la Iglesia. Pero fue la ciudad de Maracaibo y todo el estado Zulia quien más se benefició de su labor evangelizadora. Fueron innumerables sus actuaciones en la radio a través de la Hora Católica. Fundó la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que adquirió un gran prestigio en la ciudad al contar en sus filas lo más selecto del catolicismo marabino. Con su colaboración pudo fomentar nume– rosas obras benéfico-sociales y de apostolado en los barrios más necesitados de la ciudad. Dedicó también parte de sus actividades a la instrucción de la juventud desde la dirección de la corte de honor de Hijas de Maria. 425
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