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primera comunión de una sobrina. A la vuelta, el día 17, se sintió indispuesto, siendo necesario internarle en la clínica La Moncloa, desde donde fue trasladado al lugar del fallecimiento». Una vez celebrada la misa de funeral, sus restos fueron traslada– dos al lugar reservado para los capuchinos en el cementerio viejo de El Pardo. El ministerio de la predicación fue, sin duda, la actividad sacer– dotal en la que más eficazmente trabajó el P. Juan Manuel, reco– rriendo muchos pueblos de la geografía española. Era un hombre que se acercaba fácilmente a la gente, siendo bien considerado por su simpatía y el venerable porte de capuchino que manifestaba con su figura. Tuvo dos grandes aficiones: plantar árboles y componer poe– sías. Se le llamaba el P. Arbolito, por su tendencia a plantar pequeños bosques en todos los lugares que encontraba facilidad para ello. En El Pardo, su plantación se llamaba la parcela, en la que no faltaba, naturalmente, su pequeña capilla dedicada a la Virgen. Otra tendencia muy suya fue la de redactar y recitar poesías: sus textos, nada enigmáticos, son más llamativos por sus salidas y ocu– rrencias que por el fondo y la composición. Son composiciones de circunstancia. Escritas en cualquier clase de papel, y diseminadas en– tre las páginas de los libros, tuvo, sin embargo, la idea de recoger sus composiciones preferidas en dos folletos: La parcela florecida (21 poesías sobre temas diferentes y El ataque a las Campanillas (hecho histórico referido a un episodio de la Guerra Civil española). El P. juan Manuel tuvo una personalidad llena de contrastes e incon– gruencias: altruista y generoso, simpático con la gente y dispuesto a hacer las cosas con entusiasmo... Sin embargo, en ocasiones, se comportaba como una persona poco exigente en su cuidado personal, independiente en sus actuaciones, poco dado a la concentración. 421

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