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Mayo de Santa Clara y La Habana hasta su regreso a España, a finales de julio de 1954. Una vez incorporado a la Provincia fue destinado a los conven– tos de León, en 1954; Cuatro Caminos, en 1956, y Montehano, en 1957. En 1961 fue trasladado a Salamanca y en 1963 regresó nue– vamente a Montehano. A partir de 1966 continuó su «peregrinaje» por los diversos conventos de la provincia: La Coruña, Montehano, Bilbao, Gijón, Valladolid y El Pardo, donde llegó en 1984 y perma– neció hasta su muerte. El organismo del P. Juan Manuel se había mantenido siempre en perfecto estado, sin achaques ni enfermedades especiales. Él mis– mo confesaba que tenía una salud a prueba de bombas. Pero lo cierto es que ciertas concesiones al hermano cuerpo, no recomendadas para su avanzada edad fueron, poco a poco, descontrolando el nor– mal funcionamiento de su organismo. Transcribo a continuación algunas observaciones que yo mismo dejé anotadas en la crónica conventual de El Pardo: - 3 de mayo de 1994: «Con el fin de cuidar al P.Juan Manuel se han establecido tumos en la fraternidad para la limpieza de su habi– tación y aseo personal del mismo...». - 17 de mayo de 1994: «El P. Juan Manuel ha sido llevado ur– gentemente al hospital, donde se encuentra en observación. Parece que ha sufrido un amago de trombosis cerebral y se encuentra en observación. Esperamos el informe de los médicos». - 20 de mayo de 1994: «El P. Juan Manuel ha sido trasladado a la clínica madrileña Nuestra Señora del Valle, donde el P. Superior de El Pardo le ha administrado los últimos sacramentos. Los religio– sos de El Pardo y algunos familiares se encargan de acompañarle». - 23 de mayo de 1994: «Fallecimiento del P.Juan Manuel. Ha tenido lugar en el sanatorio Nuestra Señora del Valle, en Madrid, hacia las 11 de la mañana. Allí ha permanecido cuatro días en esta– do semiinconsciente. El día 15 había asistido, en Valladolid, a la 420

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