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los obreros, los niños y el correcto funcionamiento de las asociacio– nes piadosas establecidas en nuestras iglesias. El P. Villares fue un religioso profundamente trabajador. Uno de los mayores sufrimientos, que debió soportar en el transcurso de su enfermedad, era la incapacidadpara seguir realizando con eficacia sus menesteres apos– tólicos. Hombre profundamente emotivo y de gran sensibilidad, siempre albergó en su interior la posibilidad de poderse recuperar para continuar sus trabajos, y así procuraba transmitir esta esperanza a cuantos se cuida– ban de su persona, pidiéndoles caritativamente perdón por las molestias que les causaba. Fue un hombre imaginativo y emprendedor que supo sintonizar perfec– tamente con la manera de ser del pueblo: a su entusiasmo, y a la alegría que manifestaba sfrmprc en su rostro, Sí' drbieron muchos dr ms éxitos apostólicos y el afecto q'ue supo ganarse ante las personas que le conocieron. BIBLIOGRAFÍA: BOP 39 (1986) 113-115; AO 103 (1987) 158. 397

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