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1. · Mayo En 1939 estaba adscrito a la fraternidad de Montehano, aunque permaneció fuera del convento realizando el servicio militar en cali– dad de capellán del ejército nacional. En 1940 fue destinado a la Custodia de Venezuela, residiendo en Maracaibo y Caracas, hasta 1961, dedicándose al apostolado de la predicación y la catequesis de los barrios más pobres. En 1961 su nueva residencia fue Barquisimeto, donde llegó en calidad de Vicario y Coadjutor de la parroquia. Con estos cargos permaneció hasta que, en 1968, fue nombrado Párroco y Superior. Después de pasar algún tiempo en Maracaibo, fue destinado a Cumaná como Vicario y Coadjutor, y en 1976 regresó nuevamente a Maracaibo como Párroco y Superior. En 1980 se encontraba otra vez en Cumaná, donde había sido trasladado por los superiores por motivos de salud. A causa de una trombosis cerebral, quedó imposibilitado para hablar y casi anulada su capacidad de locomoción, viéndose obligado a trasladarse en una silla de ruedas. Tras haber sufrido varias recaídas, que minaron por completo su vida física, falleció en Caracas el 15 de mayo de 1986, a la edad de 7 5 años, 56 de vida capuchina y 48 de sacerdocio. El P. Villares aprovechó todos los medios a su alcance para de– sempeñar dignamente los ministerios sacerdotales que le fueron asignados; la predicación, el cuidado de los pobres, las charlas por la radio, la atención espiritual de las asociaciones piadosas por él establecidas, o ya existentes en las parroquias de su responsabilidad, fueron los campos donde desarrolló, con celo infatigable, su apos– tolado misionero. La catequesis de los niños y el culto divino, en cuyas ceremonias actuaba frecuentemente como organista, fueron también actividades en las que trabajó con especial predilección. La instauración de las procesiones de Semana Santa, la reorga– nización del Círculo Obrero de La Merced, la fundación de la sala de cine de La Merced, etc., fueron muestras de su sensibilidad por 396

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