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Vivió con sencillez, pero, al mismo tiempo, con profundidad, el carisma franciscano; y lo hizo con alegría. Por las mañanas se le solía preguntar: ¿Cómo amaneció, Fr. Honorato? Y respondía: «Feliz y contento, por estar en la casa del Señor». Y ésta fue la canción con que algún espontáneo le despidió en sus funerales: «Alegre la mañana que nos habla de ti, alegre la mañana... » BIBLIOGRAFÍA: AO 103 (1987) 149; BOP 36 (1983) 92 s; VM 45 (1983) 158; BOC, n.º 38 (1983) 271 s. 389
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