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Mayo. debía realizar. Es verdad que su labor fue callada: no realizó grandes construcciones, ni realizó peligrosas excursiones, ni fundó institu– ciones que atestigüen su eficacia; pero pocas veces un religioso ha resultado tan eficiente como el Hno. Honorato: pocas vidas huma– nas han resultado tan entrañablemente justificadas. No sólo «andando se hace camino»; no es únicamente el «hacer» lo que conforma la vida de un ser humano; a veces el saber «ser» la llena más plenamente. La vida del Hno. Honorato puede resultar pobre de datos, pero es rica en contenidos humanos y espirituales. «Morirjoven a los 85 años» es el título de un artículo que Adrián Setién escribió en«Venezuela Misione– ra» (n.º 515), del cual selecciono algunos párrafos que pueden darnos una pista para conocer la personalidad y el carácter del Hno. Honorato: «... Su figura menuda, en constante movimiento, silencioso, eficaz, inte– ligente, sólo se detenía cuando alguien le saludaba. En su rostro se dibuja– ba una amplia sonrisa y de sus labios brotaba, como a presión, la última idea que tenía en la cabeza. Por eso los encuentros con el Hno. Honorato eran inolvidables: uno se llevaba, palpada a través de las palabras, la intensidad de una vivencia. Desde Dios leía en la historia menuda e intras– cendente y la interpretaba, contrastada con su experiencia... ... El trato con el Dios siempre joven le había vuelto un anciano joven. La vida del hermano, sencilla y servicial, tenía siempre la fuerza de un grito; no era sólo el testimonio de sus obras, era también lo preciso de sus observaciones y lo denso de sus comentarios. Cualquier persona que se le acercaba, conocido o extraño, después del saludo, sentía la necesidad de hacer una pregunta, un comentario, que provocara la frase certera, trasun– to de una profunda reflexión y reflejo fiel de una fe sentida y vivida cada día y cada minuto... ... El Evangelio no sólo le señaló un camino para su fe, sino la ruta de su realización personal; consciente de sus limitaciones y seguro de sí mismo, expresaba sus ideas con naturalidad y aplomo, lo mismo ante un obispo que ante una anciana, ante un profesional o ante un analfabeto. Después de conocer al Hno. Honorato, es más fácil entender el Evangelio deJesús...» 388
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