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Mayo ro y colaboración en diversas oficinas siguió después de haber re– gresado a España. Es justo enumerar una gran lista de cotidianas virtudes que adama– ron la vida de Fray Casimiro: su espíritu de observancia, su amor a las glorias de la Orden, sus devociones a la Vi1gen y una gran solicitud para cuidar los más pequeños detalles en el servicio del culto divino fueron notas ejemplares en su vida de comunidad. Con interés y constancia trató cada día ,formarse e informarse» en todos los asuntos referentes a la vida de la Orden, de la Provincia y de cada uno de los religiosos: era un diccionario vi-11iente. Fechas, acontecimientos, detalles sobre la vida de nuestros santos..., todo era meticulosamente asimi– lado y conservado en su memoria. Dotado de gran sensibilidad para las cosas de la naturaleza, veía siem– pre en ellas la mano de Dios. Poseyó, como otros muchos hermanos nues– tros, la profundidad del carisma franciscano en un cuerpo pequeño, de porte humilde y sin notorias apariencias. Sus palabras, sus conversaciones, reflejaban un acentuado espíritu de minoridad y tenían siempre un acento ejemplarizante. BIBLIOGRAFÍA: BOP 27 (1974) 468 s; AO 91 (1975) 128; EV 22; Estanislao 524 s; Pacífico 238; «Hogar Seráfico», primavera de 1972. 360

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