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Abril to en La Habana, asistieron el Nuncio de su Santidad, un represen– tante del Presidente Batista, el embajador de España, señor Lo– jendio, y numerosos fieles, sacerdotes y religiosos de la isla de Cuba. Motivos suficientes pueden encontrar los historiadores de nues– tra Provincia de Castilla para contar al P. Aniceto como uno de sus hijos más preclaros: como Superior de la Custodia, tuvo una máxi– ma preocupación en dotarla del personal adecuado para ejercer con prestigio las difíciles tareas apostólicas encomendadas a los ca– puchinos, esforzándose, con interés, por el engrandecimiento de la Iglesia y de la Orden. Proyectó la fundación de un Seminario Seráfi– co; acometió y gestionó la promoción de importantes obras mate– riales Qesús de Miramar, Cristo de Limpias, etc.) e impulsó, por todos los medios a su alcance, la implantación y autonomía de nuestra Orden en la isla de Cuba. El P. Aniceto había sido dotado por Dios de una mente clara, una inteligencia privilegiada y una voluntadférrea para llevar a cabo los pro– yectos más complicados. Hombre diplomático, con extraordinaria capaci– dad de gestión y vastos conocimientos, consiguió el respeto y la confianza de cuantas personas se vieron implicadas en la ejecución de sus aspiraciones. Estas cualidades, unidas a su trato fino y delicado con las gentes, le hicieron merecedor de ayudas y simpatías que él supo aprovechar para el bien de las almas y el engrandecimiento de la Iglesia. Como religioso, tuvo en gran estima la pobreza y austeridad personal, no juzgando como propios los éxitos en su trabajo y manifestando siempre su orgullo de pertenecer y aportar con su esfuerzo una gloria más a la Iglesia y a nuestra Orden. BIBLIOGRAFÍA: BOP 11 (1958) 46 s. 336
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