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Abril los de San Cristóbal la extraña orden de abandonar inmediatamen– te Venezuela, dada expresamente por el presidente Cipriano Cas– tro. No estaban claras sus intenciones ni sus explicaciones; parece que el asunto tenía relación con una ley del divorcio que se estaba discutiendo en el Parlamento. Los religiosos emprendieron el camino del destierro: los supe– riores debían regresar a España para dar cuenta del hecho; los de– más debían salir del país, excepto los de San Cristóbal, en espera de nuevo aviso: el P. Villaverde y su compañero fueron trasladados a la isla de Curazao. Poco tiempo después recibieron un cable del gene– ral Castro por el que se les permitía regresar de nuevo a Venezuela, llegando a Caracas el 27 de junio de 1904. Quiero hacer notar que este hecho tuvo una importancia capital para la historia de las misiones: algunos padres expulsados de Ma– racaibo marcharon a Barranquilla (Colombia) y, después, a Puerto Rico y Cuba, siendo este acontecimiento la causa de que comenza– sen entonces las fundaciones capuchinas de la Provincia de Castilla en aquellas islas. En 1907 el P. Villaverde estaba en Caracas como Vicepresidente y Consiliario 1. 0 En 1909 fue trasladado a Maracaibo y, en 1910 fue nombrado para el cargo de Custodio provincial. Una vez terminado el trienio, fue destinado a Maracaibo con el cargo de Presidente, comenzando su mandato con tan buena suerte que le resultó fácil poder realizar algunas de las obras más urgentes en la iglesia y en la residencia de los religiosos: uno de los billetes con que el empresario de loterías había obsequiado a los capuchi– nos salió agraciado en el sorteo del 4 de agosto de 1913, siendo premiado con 2.000 bolívares. En el Capítulo de 1916 fue destinado a Caracas como Presiden– te de la fraternidad y, en 1921, su nueva residencia fue el convento de Valencia, en calidad de Vicepresidente. En este mismo convento quedó ftjado su destino en 1924. Durante este trienio se realizaron, 330

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