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ciones. A pesar de los continuos cuidados médicos que se le prodi– garon, hubo de ser internado en la clínica de La Milagrosa de Ma– drid, falleciendo el día 26 de marzo de 1987. Contaba 79 años de edad, 62 de vida capuchina y 54 de sacerdocio. No obstante las limitaciones a que estaba sometido por su esta– do de salud, el P. Adriano fue un religioso servicial y trabajador. En América se dedicó primordialmente a los ministerios parroquiales, asistiendo con interés a la VOT y a las diversas asociaciones piado– sas establecidas en nuestras iglesias. Durante su permanencia en España fueron las ocupaciones propias de nuestros conventos las que ocuparon todos su tiempo. Especialmente valiosa fue la ayuda prestada en la fraternidad de El Pardo en todo lo referente al culto de la iglesia, misas, confesiones, bodas, etc., colaborando generosa– mente en todo cuanto su salud le permitía. La sencillez, el desprendimiento y muchas de esas pequeñas virtudes, que configuran la minoridad franciscana, hicieron nido en la vida del P. Augusto García, de cuerpo pequeño, pero alma generosa. Su habitual cordialidad y alegría no le abandonaron ni siquiera en los momentos de su enfermedad. Ni las correcciones, ni las pequeñas bromas, con que los religiosos le recordaban algunas de sus comprensibles manías, sirvieron de motivo para hacerle perder la calma, o manifestar externamen– te su enfado: con un «bueno, bueno... » y unafina picardía infantil, zanjaba satisfactoriamente todas las cuestiones que pudieran deteriorar el estado de armonía en sus relaciones con los demás. BIBLIOGRAJiÍA: AO 103 (1987) 471; BOP 40 (1987) 53-55; Cayetano 224 s; AO 111 (1995) 166. 251
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