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crificios por incorporar a los indios a la ciudadanía venezolana, a la civilización y a la fe del Evangelio. Como r econocimiento a sus in– cuestionables méritos, el Gobierno venezolano le premió, en 1949, con la Gran Cruz de Francisco Miranda. Por s11 t>Spt>ri;:il intPrf>s hi.<;tóriro, y romo homPnajP ;:i P'itP in'iig– ne misionero, quiero recoger la narración que el cronista del vica– riato, P. Bienvenido de Villacidayo, nos hace de la fundación de los primeros centros misionales de la Gran Sabana: «El 19 de enero de 1929 salen de Ciudad Bolívar los PP. Ceferino de la Aldea y Nicolás de Cármenes hacia la Paragua; de allí descienden al Caroní, que luego remontan hasta el Urimán, por el que se internan; si– guen después al Aprada; atraviesan la sierra Aicha, sabana de Kamarata y sierra de Lema; navegan por el Chikanán y por el Kuyuní, llegando a El Dorado. En junio de 1930, se hace una segunda excursión que parte de la sierra de Lema; en aquellas regiones se han infiltrado desde la Guayana Inglesa los Adventistas que tratan de hacer prosélitos entre los indígenas. A su regreso, el Excmo. Sr. Vicario Apostólico eleva un informe al Gobierno, pidiendo la expulsión de los extranjeros y facultad para establecer en aque– lla región estaciones misionales. La solución no se hizo esperar, y el 14 de febrero de 1931 salían los expedicionarios, quienes, después de atravesar a pie y con la carga al hom– bro toda la Sabana, llegan al cerro Akurimá, cerca del Brasil, y se estable– cen en una choza desvencijada, mientras preparan su vivienda en el próximo valle del Uairén. El 28 de abril de 1931 se inaugura la fundación de Santa Elena del Uairén, primera fundación de la Gran Sabana... » (Estadística del Vicariato Apostólico del Caroní.) Ésta es la narración escueta de los hechos. Pero más dignas de consideración fueron las circunstancias y vicisitudes por las que tu– vieron que pasar los misioneros: 225
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