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Marzo La vida del P. Máximo tuvo unos detalles muy característicos y, a veces, poco esperados, dada su personalidad: quien haya podido contemplar su porte exterior sencillo, pobre, adusto y disciplinado, fácilmente pudiera creer que se encontraba ante un hombre anclado en los moldes del pasado; sin embargo, tuvo siempre una actitud abierta y respetuosa con las corrien– tes innovadoras de nuestros tiempos: ortodoxo en sus ideas, amante de la tradición, pero también ortopráctico en sus comportamientos. Fervoroso defensor de la dignidad del culto y celebraciones sacramenta– les, no tuvo inconveniente en aceptar y practicar todas las normas litúrgi– cas de la Iglesia y ponerse a tono con la nueva pedagogía pastoral de los sacramentos. Fue un hombre amable, educado y caritativo con las personas. Se com– portó como un religioso ejemplar en su deseo de mantenerse bien informado en los asuntos litúrgicos y eclesiales, en su austeridad de vida y en la bús– queda continua de la autenticidad franciscana. BIBLIOGRAFÍA: BOP 30 (1977) 74-76; Leite 125; Flash, n.º 10 (1977) l. 198
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