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Luis Maria estaba bastante enfermo y débil. En los años de colegio sufrió distintas lesiones de menisco a consecuencia de su afición deportiva en el baloncesto y como árbitro de nuestros partidos. Su estado se agravó en un accidentefortuito pocos días después de celebrar su primera misa. Tuvo rotura de columna vertebral que le obligaba a llevar desde entonces coraza m tvpédiw y a p, adi1,a1 ua1 iu.., días a la semana bafws curativos. Esto le sometió a un cuidado y reposo que con frecuencia no fueron suficientes. Necesitaba cuidarse más, pero sus ansias de servicio a Dios y a cuantas personas le reclamaban le empujaban a darse, sin mirar mucho su vida... Si era admirable su buen humor y alegria contagiosa en sus ratos de expansión y convivencia, lo es mucho más en las circunstancias de su enfer– medad. No recuerdo haberle oído quejarse de su mala suerte o de sus dolo– res si no era en plan de broma sobre sí mismo... Tampoco le escuché nunca palabras de sospecha o resentimiento hacia rasgos de incomprensión sobre su salud, que en alguna ocasión pudiéramos traslucir. Callaba los sufrimientos de su interior y voceaba sólo cuando sabía que alegraba y entusiasmaba a los demás. Una vez alguien le pre– guntó cómo podía estar siempre tan contento y con bromas con todo lo que llevaba encima, y Luis María respondió: vaya, para dolor ya tengo bastan– te y hay que pensar en lo bueno... » (De El Mensajero Seráfico, mayo 1973.) BIBLIOGRAFÍA: BOP 26 (1973) 65-67; AO 90 (1974) 387. 193

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