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y pronosticando, como él mismo decía, que no llegaría al mes de marzo. Y así sucedió efectivamente: a las dos de la madrugada - solía hacerlo habitualmente hacia las cuatro- fue al coro, donde perma– neció tumbado durante algún tiempo, ya que sus fuerzas no le per– mitían situarse de otra manera. Luego se retiró nuevamente a su celda. Le fue imposible levantarse para comulgar; le administraron los santos sacramentos en su propia habitación y allí permaneció varias horas rezando y con pleno conocimiento. Murió hacia las seis y media de la tarde, el día 29 de febrero de 1944, después de haber sufrido una hemorragia intestinal. Contaba 86 años de edad. El día 1 de marzo se le dio cristiana sepultura en el cementerio de nuestro convento de Montehano. Se distinguió en la vida por su espíritu de oración y de pobreza franciscana. Fue un religioso trabajador, amante de la observancia, que dio ejemplo de una profunda piedad sobre todo en los últimos años de su vida: « Ya que no puedo trabajar, por lo menos voy a rezar». Y así murió, cumpliendo con su obligación del oficio divino. BIBLIOGRAFÍA: AO 62 (1946) 135; E-1994 34; Montehano: Actas (1944) n.º 29. 167

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