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dad por la autoridad». Manejaba unos métodos pedagógi,cos muy suyos, pero quizá no demasiado equivocados: «A los jóvenes hay que recortarles un poco las alas, de lo contrario se desbocan como los caballos». A los estudiantes menos aprovechados, que se dedicaban exageradamente a otras actividades extraescolares, les amonestaba con fina ironía: «canta, canta y pinta viñetas...». Todo lo hacía con la únicafinalidad de hacerles compren– der que lo más importante, los estudios, debía ser su primera actividad, y después todo lo demás. Hay que hacer honor a la verdad, y reconocer que, detrás de esta apa– riencia externa, encerraba un corazón amable, comprensivo y dispuesto a defender a cuantos lograban hacerse acreedores a su confianza: siempre estuvo dispuesto a dar ánimos a los incomprendidos y valiosas orientacio– nes a cuantos solicitaban su consejo. Por su espíritu comprensivo se hizo querer; por su porte adusto se hizo respetar. BIBLIOGRAFÍA: BOP 34 (1981) 56 s, 15 (1962) 191; Flash, n.º 46 (1981) 6; Leite 117 128. 161

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