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INOCENCIO DE BERZO 219 Desde este momento emerge nítidamente el proyecto que Dios le ha trazado. Es un proyecto extraño y, a primera vista, parece una contradicción, pero lentamente se esclarece en toda su gran– deza. En los comienzos, tal vez, el mismo padre Inocencio tuvo la sensación de ser más bien un objeto que sujeto o protagonis– ta de su destino. Después, poco a poco, todo se aclara: la intui– ción del corazón mucho antes que la lógica de la razón, le inclina a aceptar y a vivir con alegría el proyecto que Dios ha trazado para su persona. Los primeros atisbos de este proyecto los tuvo cuando estu– diaba en Lovere y en el seminario de Brescia. Según todos los testi– gos, era uno de los mejores alumnos, tanto en lo tocante a la disci– plina como en lo tocante al estudio: «asiduo en la aplicación, in– comparable en su generosidad, se distinguió inmediatamente por sus progresos, especialmente en latín y en matemáticas, hasta el punto de merecer calificaciones extraordinarias y un premio especial du– rante un acto académico; pronto demostró poseer una mente muy despierta, una memoria ágil y tenaz, profundidad de sentimientos y firmeza de voluntad». Sin embargo, es al mismo tiempo el haz– merreír y juguete de los más pillos que lo toman como objeto de sus jugarretas y de sus chanzas. En estos episodios se descubre ya el esbozo de la fisonomía espiritual del padre Inocencio; lo mis– mo nos indican las continuas y aparentes contradicciones entre el cambio permanente de los cargos que se le confían y la sólida ma– durez de su cultura, de su inteligencia y de la tenacidad de su vo– luntad. Los siguientes datos nos dan una síntesis esclarecedora de su vida en este aspecto: ordenado sacerdote el 2 de junio de 1867 fue destinado a Cevo como coadjutor. Sólo dos afios después fue nom– brado vicerrector en el seminario de Brescia. Al afio siguiente fue depuesto de este cargo y regresa a Berzo, primero como «confesor adjunto» y más tarde como vicepárroco. Cuatro afios dura en este cargo -1870-1874-, mientras su espíritu inquieto buscaba el pro– pio camino. El 16 de abril de 1874 toma el hábito religioso y co– mienza el noviciado en el convento de los capuchinos de la Annun– ziata. El 29 de abril de 1875 profesa temporalmente y se le destina al convento de Albino. Tan sólo un año después regresa al conven-
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