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636 /(ALVERN!A)) I. EL ESPlRiTV SANTO NOS DA A JESUS No hablamos aquí de las relaciones íntimas entr2 el Verbo y el Espíritu Santo en el augusto misterio de la Trinidad de Personas y Unidad de Esencia, sino de las relaciones entre Jesús Re– dentor. D:os y Hombre, y el Espíritu Santificador. Lo, obra maestra del Espíritu Santo es la En– carnación del Verbo en el inmaculado seno de lVlaria. El Arcángel S. Gabriel dice a Maria: Spi– ritus Sanctus superveniet in te et obumbrabit tibi ideoque quod nascetur ex té sanctum, vo– cabitur Filius Dei 072). Nosotros creemos con la Iglesia: Conceptus de Spiritu Sancto La i-íum::rnidad de Cristo es santísima por es– tar unida a la Persona divina y por ser sede del Esp:rstu Santo, como atestigua Isaias: Requiescet super eum Spiritus Domini (173). El Bautista v:ó sensiblemente el Espíritu Santo en forma de palo:na que der;cendia y permanecía sobre Él ,(1741. El Profeta Isaías dice que el Espíritu Santo le llenó de dones, de santidad, de unción sacerdotal para evangelizar a los pobres .(175). El Espíritu Santo, dócilmente, le condujo al desierto (176), y en su virtud, arrojaba los demonios .(177). Por el Espirltu Santo se ofreció inmaculado a Dios (178). En los Evangelios aparece muchas veces la ac– ción del Espíritu Santo en la vida y en las obrrrs de nuestro Redentor y Mediador. II. JESUS NOS ENVIA EL ESPIRITU SANTO Ahora se invierten los términos. Jesús nos ha s:do dado por el Espíritu Santo, y el mismo Je– sús nos enviará el Espíritu divino para nuestra (172) Luc., I, 35. 1173) Is., 11, 2. ! 174J Marc., I, 10. ! 175) Luc., IV, 18. 1176) Matth., IV, l. (177) Luc., 10, 21. \ 178) Hebr,, IX, 14.
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