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DIA VIII Conferencia IV (XXXIII) EL ESPIRITU SANTO, SANTIFICADOR DE LAS ALMAS Ego rogaba Patrcn, et alium Pa– ractitu1n dabit -vobís. Yo rogaré al Padre, y f:l os dará el Paráclito. (Ioann .. XIV, 16.í No hay más que un solo Dios infinito, eter– no, omnipotente, creador y gobernador de todo cuanto existe, de las cosas visibles e invisibles. Credo in unum Deum ... La fe nos enseña que existen tres divinas Personas distintas la una de la otra. La primera persona se llama Padre y no procede de alguno; la segunda, Hijo, y es engen– drada del Padre eternamente; la tercera, Espíritu Santo, qui a Patre Filioque procedit. Las tres Personas son omnipotentes, infinitas, eternas, dis– tintas; pero no hay tres dioses, porque tienen una única esencia divina. Sancta Trinitas unus Deus. Es misterio incomprensible a la huma– na razón, pero no absurdo o imposible. Aunque es un solo Dios quien causa, sin embargo, las obras ad extra de la creación y gobernación del mundo s2 atribuyen al Padre; las obras deº la redención, al Verbo Encarnado, Jesucristo. Las obras de santificación, el Espíritu Santo. Vamos a tratar de su acción santificadora en nuestras almas. I. El Espíritu Santo nos da a Jesús. II. Jesús nos envía el Espíritu Santo. III. Acción santificadora del Espíritu santo. IV. Nuestra correspondencia para con el Espí– ritu Santo.

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