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])ÍA VIII.-«OIES IIIIITATIONIS ET AlV!ORÍS)) 629 o la exégesis no podrán usar con provecho esta atención. Los sacerdotes que conocen el latín se– ría muy conveniente estudiar la exégesis de los salmos y de otras partes de la Escritura para darse perfecta cuenta del sentido de las partes bíblicas que contiene el breviario. ¡ Cuántos sacer– dotes están toda la vida cantando o rezando el breviario y no conocen ni saben lo que dicen! Espiritual, atiende a Dios, como término de la oración, o también a las cosas que pertenecen a Dios, como son los misterios de su Encarnación, Vida, Pasión y Muerte; piensan en alguna ver– dad revelada que les neva a Dios. El religioso debe procurar con todas sus fuerzas tener esta atsnción literal o espiritual, según la posibili– do. :l. y la devoc:ón particular. Los autores de As– cética suelen señalar varios métodos para conser– var la atención, evitar las distracciones, fomen– tar la devoción y el fervor en el oficio angélico de cantar las divinas alabanzas. Sea con un mé– todo o con otro, deb2mos rezar con todo el espí– ritu interior que nos sea posible; que nuestra lengua canté! o rece al unisono de nuestro cora– zón; que no estemos con el cuerpo en el coro y con la mente en las cosas del mundo; que nues– tro corazón deseche todo pensamiento inútil, toda distracción voluntaria, no sea que se cumplan las palabras del Señor: Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está muy lejos de Mí (160). Dicé el Profeta Jeremías que es maldito de Dios el que hace sus obras fraudulentamen– te (161). Ninguno se juzgue siervo de Dios si hace negligentemente el servicio principal, el cual con propiedad se llama servicio de Dios. Para estar con devoción y recogimiento, seguir el consejo del Espíritu Santo: Antes de la ora– ción prepara tu alma, y no seas como el hombre que tienta a Dios (162l. Luego que sea la hora (160) Populus hic labiis me lwnorat: cor autem eo– rum longe est a me. Matth., XV, 8. (161) Maledictus qui facit opus Dotnini fraudalenter. Jer., CDVIII, 10. (162) Ante orationem praepara animam tuam: et nolí erse quasi hamo qiti tentat Deum. Eccli., XVIII. 23.
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