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DÍA vn:.--<mms IMITATIONIS ET AMOJUS)) 627 orar y nunca desfallecer (152) En los Actos de los Apóstol1;s se lee de los primeros cristianos que eran perseverantes en la doctrina de los Após– toles, en la fracción del pan y en las oracio– nes (153) que cotidianamente alaban a Dios (154). San Pablo, escribiendo a los de Efeso, les exhor– ta a que se ejerciten en alabar a Dios y darle gracias con salmos, himnos, cánticos espiritua– les (155). Luego ya desde los primeros tiempos del cristianismo, en ciertas ocasiones y reuniones, los cristianos, en común, rezaban y cantaban alabanzo.s al Sei1or. El origen del Oficio divino, en cuanto a la for– ma, al modo, a la cuantidad y al tiempo, fué de– terminándose sucesivamente por la Iglesia, has– ta que llegó al estado actual que todos conoce– mos. Es, sin duda, interesante el origen y des– arrollo sucesivo del Oficio divino, sus diversas partes, su significación, su distribución, sus nor– mas, rúbricas, etc., etc.; pero esos asuntos perte– necen a los tratados de liturgia, y nosotros no podemos detenernos en esas cuestiones históri– cas y especulativas. Nos cefümos sólo a la mane– ra de rezarlo con fruto espiritual para nuestras almas. · Modo de rezarlo-El Concilio de Letrán IV di– ce. que se ha de rezar studiose ... variter et devo– te ( 156). El Concilio Tridentino, reverenter, dis– tinctc et elevo te (157). Benedicto XII exhorta a los Frailes Menores ut dii;inas laudes integre, attente, honeste ac religiosc pcrsolv,wt 058). Podemos de– terminar las condiciones que se requieren para rezarlo bien, con respecto a la boca, al corazón y al cuerpo. a1 El rezo d8l divlno Oficio respecto a la boca (152) Oportct sc1!111cr orare et non deficcre. Luc., XVIII, l. (153) Act., II, 42, 47. (154) Ibid. (155) E;ohes., V, 10. (156¡ C. 9, X, 3, 41. (157) Sess. XXIV de Rcfon11ationc, c. XII. Mansi, 33. 162-6:l. (158¡ Const. uostcr, die 38 Novemb. 1886, púr. 2-4, D·u !l. 110111.. IV,
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