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DÍA vrtr.-«Dms IM11'A:I'IONIS ET AMORIS)) 619 las partes de la Misa, las oraciones, acci.ones, con sus sentumentos y signiílcados ... Para eso es ne– cesario conocerla bien, entender el latín, servirse de los libros, eucologios, etc. Sea de un modo o de otro, es necesario asis– tir con devoción y atención a este divino sacrifi– cio que es la síntesis del culto, es el centro prin– cipal del catolicismo, la primera de todas las de– vociones, el tesoro de todas las gracias, fuente inagotable de inspiraciones, de dones, de gracias, de beneílcios. Oír la Misa es lo mismo que asis– tir al sacrificio del Calvario, principio y origen de todo nuestro bien espiritual... ¡Oh, cuántas gracias se pierden por no oír con dtvoción la santa Misa! ... Necesitamos más fe en los misterios que representa; meditar y reflexio– nar más la grandeza y sublimidad del sacrificio; asistir a él con toda la devoción posible, para que el Corazón eucarístico de Jesús nos ilumine con sus luces, nos inflame en sus amores, nos trans– forme en sus bondades, nos haga semejantes a Él. San Francisco practicó una devoción especial al sacrificio del altar. Tomás de Celano dice que con todas las fibras de su corazón ardía en la devoción al Cuerpo del Señor, admirándose gran– demente de aquella amorosa condescendencia y de aquel tan condescendiente amor. Consideraba un desprecio muy grande no oír por lo menos una misa todos los días estando desocupado _(140). Si la enfermedad le impedía acudir a la iglesia, rogaba a un sacerdote que, a ser posible, cele– brase la misa para él en la enfermería .(141). Si esto no era posible, se hacia leer el Evangelio del día. «Cuando no oigo misa, adoro el Cuerpo de Cristo en la meditación, con los ojos de la mente, lo mismo que lo hago cuando lo veo en la Misa» (142). (140í CELANO, Legend, JI, c. CLII, n. 201, p. 319. (141) Spec. perf., c. 87, n. · 13. Ed. P. Sabatier. Munster, 1928. (142) Idem, p. 175, nota 2. H. FELDEU, Ideales, I, pá– ginas 56-57.

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