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DÍA VIII.-<<DIBS IMITATIONIS ET Al\!OnIS» 615 necesita especial aplicación; procede e.r opere operato en el que recibe el sacramento y realiza el sacrificio. De este fruto participan también los que son cooferentes con el sacerclote; todos los que de algún modo active concurren, los que sirven y asisten a la misa. Estos ofrecen, implícitamente por lo menos, el sacrificio juntamente con el sacerdote. Cuando se vuelve al pueblo, dice: Ora– te fratres, ut meum ac vestrmn sacrificinm ac– ceptabile fiat ... En la oblación de la hostia: Sus– pice sancte Pater, hanc immaculatam Jwstiam, qnam ego inclignus famnlus tuus offero tibi... pro innumerabilibus peccatis et offensionibus et ne– gligentiis meis, et pro omnibus circunstantibns. 13. Valor de la Misa.-¿10uánto vale una Mi– sa? Para apreciar bien su valor, es necesario ha– cer varias distinciones. l.ª El valor del sacrificio de la Misa in actn primo, esto es, en si mismo considerado por ra– zón de la Víctima y del principal Oferente, que es Jesucristo, es de la misma dignidad y del mis– mo valor que el sacrificio de la Cruz, cuya fuerza satisfactoria y meritoria aplica. La oblación de la Victima es de precio infinito, y el Oferente principal es una persona infinita; luego el mé– rito, el valor, es infinito ... 2." In acto secundo, o sea por razón de los efectos, es necesario subdistinguir. En cuanto la Misa es un sacrificio latréutico y eucarístico, tie– ne valor también infinito; porque a Dios se le da un culto y se le muestra un agradecimiento infinito por medio de Jesucristo, Dios y Hombre, cuyas acciones son de valor infmito. En cuanto a la aplicación de los frutos a los hombres, es ciertamente finita, porque ningún hombre tiene capacidad infinita. Puede participar más o me– nos, según la capacidad o disposición... Las gra– cias recibidas por la Misa no pueden ser ni in– tensiva ni extensivamente infinitas, porque nin– guna criatura puede recibir una forma acciden– tal infinita.

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