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DÍA VIIL-·<<DIES Il\UTATIONIS ET Al\!OnIS)l 611 al Señor por toclas las cosas que me ha conce– dido? Le ofreceré el cáliz de salud e invocaré su nombre ( 136). Por tantos beneficios concedidos a los hombres, le ofreceremos ese sacrificio, de in– finito valor. III. Pro1]iciatorio.-No consiste en la remisión inmediata de los pecados; entonces estaría de– más el sGcram\?nto de la Penitencia, y sería un medio muy faci1 para pe:rdonar los pecados. La M:s:.i. es un s:.ic::':ficio propiciatorio, en el sentido de que Dios nos concede la gracia del arrepen– timiento, el don de la penitencia, las gracias ac– tm:le.s y cxc'.t:1c1tes para la contrición de nues– tros pecados. Es la Hostia, que aplaca a Dios y nos hace más facil la reconciliación; es la San– gre, que pide, no venganza, sino misericordia. Je– sús, como Med'ador y Sacerdote, intercede por nosotros para mover a Dios a misericordia por nuestros pecados y por los de todo -el mundo. IV. Satisfactorio.-Expia y satisface la pena t'.?rnporal debida por los pecados; paga nuestras deudas con fa abuncl:.incia de sus gracias; es el baño que nos pur:fica, nos lava del reato de la culpa. No sólo por nosotros, sino también por las almas del purgatorio, pro viris et defunctis, se derrama esa Sangre, que apagfl las llamas ar– dientes de la Igles:a purgante. Un medio fácil y eficaz para cancelar nuestras penas temporales y e]:::rcer la c-ar:dad para con las benditas almas que por sí m:smas ya no pueden satisfacer. Por esto la práctica de la Iglesia de aplicar misas por }os difu:-itos. No :iólo E!l que las celebra, sino t2mbién el que l::.s oye, puede ofrecer esos sa– crificios satisfactor:o3. V. Impetratorio.-El sacrificio de la Misa im– petra del cielo las r:,racias que hemos menester para nosotros y para los demás. Jesús, en el al– tar, intercede por todos. cuya oración se extien– de a todas nuestras necesidades. Ut me et illis omu'ibus. qUCl(' re– . et nom.en Do•
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