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DÍA VIII.-«DIES Il\1ITATI0NIS ET AMORIS)} 609 en todo lugar se sacrifica y se ofrece a Mi nom– bre una oblación pura» (133). De las mismas pa– labras de la. institución se infiere. Se lee en San Lucas: Este es rni Cuerpo, que por vosotros es en– tregado; haced esto en memoria de 111í... Este es el cáliz del nuevo testamento en mi Sangre, qu(;J por vosotros se derramará ( 134). En S. Ma– teo: Esta es mi Sangre del nuevo Testamento, que se derramará por muchos en remisión de los pecados (135). De estas palabras y de otros mu– chos textos de los Evangelios y de S. Pablo se ve clarísimamente que la Eucaristía es un sacrificio en el que la víctima se entrega, se ofrece, se sa– crifica. Como tal lo han tenido siempre los San– tos Padres de la Iglesia y la Tradición entera. 10. La Misa y el sacrificio de la Cruz.-a) El sacrificio de la Misa y el de la Cruz, esencial– mente, son lo mismo. En ambos es el mismo el oferente principal, Jesucristo; porque el sacerdo– te humano es sólo un ministro y oferente se– cundario; en ambos, la Víctima u Hostia que se ofrece es la misma, el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo; en ambos es la misma la razón for– mal del sacrificio. que es el reconocimiento del su– premo dominio de Dios, etc. b) La Misa es un sacrificio relativo, porque la Misa representa y continúa el sacrificio de la Cruz, y nos aplica sus méritos: luego no es absoluto. Depende del sacrificio de la Cruz. del cual no se puede separar. El sacrificio de la Cruz es absoluto; el de la Misa. representativo. conmemorativo, apli– cativo. c) Existen diferencias accidentales entre los dos sacrificios. El sacrificio de la Cruz fué cruen– to; el de la Misa, incruento; en la Cruz, Jesús murió físicamente; en el altar, místicamente; /1831 Malach., I. 20. 1134) Hoc est Corpu~ meum, r¡1wd pro 1•nbfa claf11r: hnc facite in meam conin1.emoratio11em.... Hic e·t calix novum testament11rn in Sanguine meo, r:ui vro vobis fu.nrJetu.r. Luc.. XXII. 19. 20. f135) Hic est enim. san1Jufa meus novi testnmenti, qui vro m.uztis effundetur in remissionem veccatorum. Matth., XXVI, 28.

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