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608 {{ALVERNIA)) plegarias inspiradas por la fe, alentadas por la esperanza colectiva, inflamadas por la mutua ca– ridad. Pone en comunicación las tres Iglesias: triunfante, purgante y militante, bajo la única Cabeza de todas, Jesucristo, Nuestro Salvador. La parte de la liturgia que más directamente nos corresponde a nosotros y que solemos practi– car a diario, son el santo sacrificio de la Misa y el Oficio divino. Estas son las dos obras litúr– gicas que más contribuyen a nuestra santifica– ción y perfección religiosa; por esto nos vamos a detener principalmente en ellas. 11. DEL SACRIFICIO DE LA MISA La Eucaristía la podemos considerar como sa– cramento y como sacrificio, cuyas diferencias son muv notables, y se explican en los libros de Dog– mática. y Moral... Nosotros ahora consideramos la Eucaristía como sacrificio solamente. 9. La Misa es un sacrificio.-Sacr!ficio es la oblación externa de una cosa sensfüle con la destrucción o mutuación de la misma, hecha a Dios por sus legítimos ministros en reconocimien– to de su supremo dominio. Los gentiles ofrecen variedad de sacrificios a sus dlvinidades, y a ve– ces hasta víctimas humanas. En la antigua Ley, Dios había ordenado variedad de sacrificios de animales. En la nueva Ley se realizó un solo sacrificio, en sustitución de todos los demás, en que se inmoló la Víctima divina, de valor infi– nito, el mismo Jesucristo. La Mlsa no es más que la continuación de este sacrificio hasta la con– sumación de los siglos. Es la oblación instituida oor Jesucristo, en la cual místicamente se sacri– fica Él mismo y se ofrece como víctima a Dios Padre en reconocimiento de su supremo dominio. Un sacrificio prefigurado y preanunciado muchas veces en el Antiguo Testamento. El Profeta Ma– la.quías nos dice claramente: «Desde el oriente al ocaso, grande es ml nombre entre las gentes;
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