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G02 «ALVERNIA)) formación mística se obrará por medio de la Eu– caristía rápidamente. Como el hierro metido en el fuego se transforma en fuego, asi el alma me– tida en el horno ardiente de la caridad de Cris– to, calentada por ese foco divino todos los días, se purificará, perderá todas sus impurezas, se transformará místicamente en un segundo Cristo, que pueda exclamar con S. Pablo: No soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mi (125). CONCLUSION La Eucaristía debe ser la devoción principal del alma religiosa. Entre todas las devociones, ésta es la primera, la más agradable a Dios y la más útil a nosotros. Gustad y ved cuán suave es el Señor _(126J. Haced la experiencia y veréis el gran provecho para vuestras almas. El tiempo que empleemos delante de Jesús sacramentado será el más fructuoso para la vida y el más con– solador para la hora de la muerte... Se gana más con un cuarto de hora a los pies del Sagrario que con otros ejercicios espirituales de todo el día. Vayamos a beber a la fuente, al manantial abun– dante de aguas frescas y cristalinas; no nos de– tengamos en los arroyos tibios y sucios... Lo que es el panal para las abejas, el nido para las aves, el pasto para la grey, la fuente para el ciervo, el agua para los peces, la luz para la mariposa, el polo para la aguja magnética..., eso debe ser la Eucaristía para el alma religiosa. Acu– damos a la Eucaristía para gustar de esa miel ce– lestial, descansar en ese nido de amores, refri– gerar nuestra sed, bafrnrnos en ese océano divi– no, iluminarnos con esos resplandores de gloria, orientarnos hacia el polo de santidad... Seamos almas eucarísticas como el discípulo amado S. Juan, como S. Francisco de Asís, An- Vivo autem, íam non ego: -vivit vero in me Gatat., II, 20. , 120J Guswte ce cuietc, quam suavís est Domin·u.s. i's. XXXIII, 9.

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