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DÍA VIII.-«DIES IMITATIONIS ET Al\IORISl) 593 aniquilarlas, transformándonos en Sí mismo, y Él en nosotros, si queremos? (105). g) Es señal de predestinación eterna.-La Co– munión es un arra de vida eterna, tuturae gloria nobis pignus datur (106); se nos da en la par– ticipación de este divino banquete una prenda de felicidad eterna, un billete para entrar en las mansiones de la gloria. Jesucristo mismo lo dijo: «El que come mi carne y bebe mi Sangre, tendrá la vida eterna, y Yo le resucitaré en el día no– vísimo» (107). No permitiré que los c¡ue han par– ticiPado de Mi Cuerpo glorioso sean condena.dos eternamente; los glorificaré como a miembros de mi mismo Cuerpo. La Eucaristía es medicina de inmortalidad, antídoto de la muerte. O salutaris hostia, quae caeli pandis ostium.,. ¡Oh Hostia saludable, que nos abres las puertas del cielo! Tú eres mi esperanza, tú eres el viático de la vida y de la muerte. El antiguo cordero pascual y el tabernáculo, figuras del verdadero Cordero de Dios y del tabernáculo eucarístico, fueron para el pueblo hebreo misterios de liberación, de ca– mino hacia la tierra prometida... Nuestro Cor– dero inmaculado, Jesús, y nuestro tabernáculo eu– carístico, ¿no serán también para nosotros mis– terios de liberación etPrna, de camino hacia nues– tra tierra de Promisión, que es la patria de los bienaventurados? ¡Oh Hostia sacrosanta! Abrid– nos de par en par las puertas del cielo... II. DISPOSICIONES PARA RECIBIR LA COMUNION I. Por parte del cuerpo.-Además del ayuno eucarístico preceptuado por la Iglesia, se requie– re también la decencia corporal, la modestia, la compostura externa. el vestido limpio y decente. llOfi) Ejercicios espirit.. nart.. III. consld. II. afecto II. (106í En O Sacrum conviviwm... ( 107) Q1ii manducat meam carnem et bebit meum 8 anouinem, habet vitam aeternam : et ego resuscitalJo c11m nol"issimo die. Joann .• VI. 55.
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