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CAP. V.-EDAD CONTEMPORÁNEA 471 gunos territorios de misiones, como el vicariato apostólico de Ca– lifornia inferior (Méjico), Verapaz y Peten (Guatemala), San Pe– dro Sula (Honduras), Belize (Honduras británica), Blufields (Ni– caragua), Limón (Costa Rica), Darién (Panamá). En el Brasil trabajan entre los paganos los franciscanos (1860), los dominicos (1880), los salesianos (1895) y los Padres del Verbo Divino. Los capuchinos umbros cuidan de la difícil Prelatura de Alto Solimóes, en la región occidental del Amazonas, y los capu– chinos lombardos, de la Prelatura NuHius de Grajahú. En 1901 fueron bárbaramente martirizados en Alto Alegre, cuando esta– ban en la iglesia, varios cristianos, misioneros capuchinos y reli– giosas terciarias de Loano. Es digno de recordarse el P. Daniel de Samarate, apóstol de los leprosos en el Sanatorio de Tocun– duba, donde asistió por nueve años a los atacados del mal, del cual murió. En Chile los capuchinos tienen florecientes misiones en el vi– cariato de Araucania, los siervos de María en Aysen, los hijos de San Juan Bosco en Magallanes. Fueron célebres misioneros de la Patagonia el cardenal Juan Cagliero (t 1899) y Mons. Juan Fagnano. En Colombia estuvieron los jesuítas del 1842 al 1850; en el año 1893 volvieron los agustinos, y con ellos trabajan con mucho celo e intensidad los capuchinos, monfortianos, carmelitas y nue– vamente los jesuítas desde el 1928. La prefectura apostólica de San Jorge fué confiada el 1924 a los misioneros del Seminario de Misiones Extranjeras de Burgos. Los frailes menores poseen en Bolivia los vicariatos del Beni, Chaco y Chiquitos, y los oblatos de María Inmaculada, la prefec– tura del Pilcomayo (Paraguay). Varios distritos confiados a di– versos Institutos existen también en el Perú, Ecuador, Guayana británica, francesa y holandesa. Durante los siglos xvn y xvur trabajaron intensamente en Venezuela los dominicos, francisca– nos y capuchinos, de tal modo que el país se hizo casi todo cató– lico. Actualmente los capuchinos tienen florecientes misiones en el vicariato del Caroní (192) y en Machiques (1943), y los sale– sianos, en el Alto Orinoco. El Gobierno protege las misiones y favorece las reducciones de los indios. De las breves indicaciones hechas resulta que, después de la inmensa labor evangélica de los misioneros iberos, que lograron formar tantas naciones católicas en sus posesiones americanas, todavía quedan grupos y tribus de paganos que, con la gracia de Dios y los esfuerzos constantes de los misioneros, se espera re– ducir a la fe católica.
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