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CAP. V.-EDAD CONTEMPORÁNEA 465 En Nueva Zelanda empezó el crecimiento de los católicos en el año 1838, debido en gran parte a la inmigración de europeos y a los trabajos apostólicos de los maristas. Se ha formado ya el arz– obispado de Wellington, con tres obispados confiados al clero secu– lar. Trabajan también los Padres de Mill-Hill en Nueva Zelanda del Norte, entre los indígenas maoríes. En los inmensos territorios de la lvlelanesia y Polinesia están desde el 1827 los misioneros de Picpus. En las islas Gambiers se distinguió el célebre P. Laval. Desde el 1833 desarrollaron gran actividad apostólica los maristas en las islas de Samoa, Tonga, Fidji, Nueva Caledonia y Nuevas Hébridas. Los Padres de Picpus se extendieron por el Norte y Oriente de la Polinesia, en las islas Marquesas, Gambiers, Tahití, Sandwich y otras (18). Merece re– cordarse el heroico picpusiano P. Damián de Veuster (1889), após– tol de los leprosos de la isla de Molokai (19). Las islas Marianas, Carofüws y Marshall fueron evangelizadas por los jesuítas desde 1731 hasta la supresión. En 1886, el rey de España mandó a los capuchinos a aquellas islas y la Propaganda Fide erigió una misión dividida en dos zonas: Carolinas orientales y Carolinas occidentales (20). Misioneros del Sagrado Corazón in– tentaron evangelizar las islas Marshall, pero fueron obligados a abandonarlas por la oposición de la autoridad civil; solamente pu– dieron volver en 1898. Después de la ocupación alemana de las Marianas y Carolinas, las misiones pasaron a los capuchinos ale– manes hasta la guerra europea ; después fueron los jesuítas es– pañoles. En 1923 los tres grupos de islas fueron reunidas en un solo vicariato. En las islas Filipinas, gracias a los esfuerzos y al celo de los misioneros españoles, existe una población casi toda católica; en estos últimos tiempos escasea mucho el clero, se deja sentir el influjo protestante y el cisma aglipayano. No obstante, la vida católica continúa vigorosa; la jerarquía eclesiástica está constituída por dos arzobispados y diez obispados. Quedan aún algunos infieles en la isla de Mindanao, que van re– duciendo los misioneros jesuítas, y entre los de Palawan, los agus– tinos recoletos. Junto con estas Ordenes trabajan también en aque– llas islas los Padres del Verbo Divino, los misioneros de Scheut, de Issoudun y otros (21). 1181 Cfr. LLORCA, O. c., p. 810. (19) ENGLEBERT, El P. Damián, apóstol de los leprosos, Madrid, 1944. (20) Cfr. Pio DE ESTELL<, o. F. M. Cap.• Apuntes para la Historia de las Misio– nes de las Islas Cnrolinas, en Anuario MisionaL de !os PP. Capuchinos de Navarra, 1934, ,pp. 27-76, Pamplona, 1934. (21) Cartas de los PP. de la C. de Jesús de la Misión de Filipinas, Manila, 1887; AMBROSIO DE VALENCINA, O. F. M. Cap., Mi viaje a Oceanía, Orihuela, 1892; B. Loru, Los PP. Capuchinos en Filipinas, en Anuario MisionaL de los PP. Capuchinos de Nauarra d~ rn:l4. pp. 77-89. Pamplona, 1934; BUENAVENTURA DE CARRO<TRA, O. F. M. Cap., Misiones Capuchinas en Oceanía, en Espafia Misionera, 1946, t. III. pp. 64-188. :::o
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