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44.8 P. III.-l\1ISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA tados. A este celoso apóstol atribuyen algunos la idea de la funda– ción de las Misiones Extranjeras de París. La S. C. de Propaganda Fide fué enviando sucesivamente mi– sioneros a Birmania, Siam e Indochina francesa. Los misioneros del Seminario parisino trabajaron en aquellas regiones con verdadero éxito, estableciendo numerosas cristiandades. Los dominicos espa– ñoles obtuvieron una parte del Tonkín en 1693 y continúa hasta ahora esta misión, que constituye una de las glorias de la provincia dominicana del Santo Rosario. En la primera mitad del siglo XVIII trabajaron en Annam los franciscanos con los misioneros enviados por Propaganda, obteniendo buenos frutos. Al fin del siglo XVIII, Mons. Pigneau de Béhaine, vicario apostólico de la Cochinchina, dió hospitalidad al destronado príncipe Nguyen Anh y le ayudó a reconquistar el trono. Este, elegido emperador con el nombre de Gia-long, aseguró a la Iglesia un largo período de paz hasta la venida del cruel Ming-Mang (1820-41). Las misiones de las regiones de la península de Indochina sufrieron crueles y frecuentes per– secuciones, fecundando el campo con la sangre de innumerables mártires, que produjeron numerosos cristianos. En 1641 los holandeses persiguieron y destruyeron todo el tra– bajo de evangelización que antecedentemente habían hecho los portugueses en Malaca y territorios circundantes. En 1787, un mi– sionero de la Sociedad de las Mis. Ext. de París, con algunos cris– tianos venidos del Siam, se establecían en Penang. La diócesis de Malaca se incorporaba al Vicariato Apostólico de Ava e Pegu en el año 1838, dos años más tarde a la de Siam, y en 1841 se decla– raba misión independiente. CHINA.-Después de la muerte de Mateo Ricci (1610), otros emi– nentes misioneros jesuítas desarrollaron con éxito su actividad apostólica y científica. En el vastísimo campo del Celeste Imperio trabajaron también por aquel tiempo los dominicos (1631), los franciscanos (1633), los agustinos (1680) y los misioneros perisi– nos (1683), todos los cuales tomaron parte activísima en la conver– sión del vasto Imperio. De modo especial desarrollaron su aposto– lado en las provincias del Sur, donde los dominicos Morales y Na– varrete lograron hacer miles de cristianos; así como los francis– canos Antonio Caballero (h. t 1665), Buenaventura Ibáñez (t 1691), Bernardino della Chiesa (t 1739), obispo de Pekín; Basilio de Ge– mona (h. t 1703), prefecto apostólico de Schensi, el cual escribió un óptimo diccionario de la lengua china. Entre los convertidos por Antonio de Santa María se cuenta un joven chino, a quien pusie– ron por nombre Gregario López, quien, habiendo ingresado en la Orden de Santo Domingo, fué nombrado por el Papa obispo de Basilea y Vicario Apostólico en China.
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