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CAP. IV.-EDAD MODERNA (SIGLOS XV-XVIII) 441 gistrados y mandarines, era una grave dificultad para su conver– sión al catolicismo, a pesar de su buena voluntad. Queriendo ob– viar, si fuera posible, esta grande dificultad, se dió a estudiar las obras de Confucio y a observar la índole de los sacrificios y cere– monias con que se k veneraba. Creyó descubrir que las doctrinas de Confucio no se diferenciaban esencialmente de las doctrinas del cristianismo y qm~ los ritos y honores que se le tributaban tenían más bien carúcter patriótico que idolátrico, juzgando que podía tolerúrselo, aun después de convertidos, por lo que nume– rosos chinos, sobre todo de las clases elc!vadas, abrazaron el cato– licismo. La opinión del Padre Ricci fué apoymla y sc)guida pu muchos misioneros jesuítas, y a la verdad, no pu:,de ne•~'.ff~it: c::u,· ,iió c~~– celentPs resulfados; lJ(~ro ya al sucesor de Ricci, al F:idrc Lon– gobardi, habiendo estudiado dcterminadamente la cuestión, le pa– reció que el Fadre Ricci se había equivocaUo y qtH, las ouctrirus de Confucio no eran cristianas, sino que eran complct::lmente ateas, y que los r~tos con que los chinos k honruban ernn cir~rlam:'llUé idolátricos, por lo que no podían ni debían tokrars,,. Al:?Lmc;,; suíta:, siguieron esta opinión de Longobardi; pero, sobre todo, los que con más insistencia y tesón se opus1eron a la 01Jlnión de lücci fueron los misioneros dominicos y franciscanos,. resultando de todo una fuente de disputas, que llegaron a agriarse con frecuencia. El asunto fué llevado a Roma en lG·Kl por el dominico Padre Morales y el franciscano Padre Antonio de Santa :María, quienes obtuvieron que el Papa Inocencio X (16'±4-1655) diera el 12 de sep– tiembre de HH5 un decreto en el que se prohibían los dichos rito:,. Los jesuítas, a su vez, enviaron a Roma al Padre Martín lVfartinl, defensor de la opinión contraria, el cual consiguió de Alejan– dro VII (1655-1667) que revocara las anteriores disposiciones dt, Inocencia X por un decreto dado el 23 de marzo de 1656, en el que se declaraba que los ritos chinos eran tolerables. Por algún tiempo se restableció la paz; pero los de las Misiones Extranjeras de Pa– rís prohibieron de nuevo los ritos chinos y los honores que se tri– butaban a Confu.cio y a los antepasados. Continuando las contien– das, Clemente XI envió en 1703 al Patriarca de Antioquía, Mon– señor Carlos Tomás Maillard de Tournon, como delegado suyo a la China, para informarse de todo y obrar en conformidad con las determinaciones de la Santa Sede. Tournon publicó el decreto romano prohibiendo los ritos chinos, por lo que el emperador, dis– gustado, le envió a 1\/Iacao, y los portugueses, indignados, le en– carcelaron. Clemente XI lo creó cardenal, el cual murió el 1710 en lejano destierro. Por la bula Ex iila die, del 19 de marzo de 1715, Clemente XI decretó la prohibición de los ritos y exigió a todos los misioneros el juramento de observar las prescripciones dadas.

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