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434 P. III.-lfü:-.lONOLOGÍA DESCRIPTIVA tarde Obispo de Chiapa, en Méjico, donde siguió trabajando hasta que, poco antes de su muerte, se retiró a España, donde murió en 1560 (25). 608. Misiones de los jesuítas.-Los jesuítas, llegados a Arn.érica en pos de franciscanos y dominicos, no trabajaron menos ni con menos fruto en la conversión de los indígenas; unas veces solos y otras en colaboración con los demás misionerns. Predic'.iron en Chile y en Perú con los franciscanos y dominicos. Entraron en las extensas regiones del Brasil (1549), donde consiguieron un fruto extraordinario, valiéndose, entre otras cosas, de la afición que los indios mostraban a la música, por lo que idearon poner en música el catecismo. Al hablar de las misiones del Brasil, no puede omitirse el nombre del P. Anchieta, jesuíta español y Provincial de las mi– siones de la Compañía en aquel país, donde llegó en 1553. Escri-– bió varios trabajos históricos y misionó con tal celo y con tan copioso fruto, que con razón se le llamó «el Apóstol del Brasil». Cuéntase que una vez estuvo bautizando durante veinticuatro ho– ras, teniendo que sostener sus brazos dos misioneros, para que no se cayeran de cansancio. Son muchos los milagros que se refieren en su vida, por lo cual, por su gran celo apostólico y por sus rele– vantes virtudes, se ha introducido su causa de beatificación. Mucho perdieron las misiones del Brasil con la muerte del P. Ignacio Acebeda y de sus 39 compañeros jesuítas, capturados y asesinados (1570) por los hugonotes franceses cuando se diri– gían a aquellas misiones, privando así a aquel país de tan celosos obreros evangélicos. Pero donde los Padres jesuítas adquirieron fama mundial ÍUl' en sus famosas Reducciones del Paraguay. Habían predicado allí los franciscanos, aunque con poco fruto, debido tal vez a la vida nómada que llevaban aquellas tribus y al mal ejemplo que reci– bían de muchos de los colonos europeos que poblaban el país. Al entrar allí los jesuítas comprendieron que daría buen resultado aislar lo más posible a los indios de los europeos, acostumbrán– doles además a la vida sedentaria, para que así pudieran más fácil– mente instruírlos en las doctrinas del cristianismo, y, al mismo (25) Cfr. ANTONIO DE RE:MESAL, Historia general d2 ltVi Indias occidentales y 11ar~ ticuLar de la gobernación ,le Chiapas y Guatemala. l\Iadrid, mm; QUINTANA, Vidas de Espaílolcs célebres, Madrid, 1807; DUTTO, Life of B. de Las Casas, San Luis, 1902. ILa crítica moderna ha puesto en su verdadno -punto las exageraciones del padre· Las Casas, hijas más bien de su carácter violento y de su celo indiscreto, y ha hecho justicia a sus contradictores, entre los ,cuales se encontraban mis; :.neros ilustres que habían trabajado tanto o más que el P. Las Casas en la eYangelización y bicne3tar de. lo~ indios. De nada de esto ,parece haberse enterado el misionóloJo italiano Iiugo lVhon1, que, al mismo tien1i:;o que tributa a~ P. La:,; Casas exageradas alabanzas, trata despectivamente a sus contradictores, con desconocimiento de la verdad histórica. Cfr. C. BAYLE, S. J., España en Indias, Vitoria, 1934.

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