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CAP. IV.-EDAD MODERNA (SIGLOS XV-XVIII) 433 y que no fuera regada con sus sudores y, muchas veces, con su sangre (24). 607. Misiones de los dominicos.-Los dominicos no se dejaron vencer en celo por los franciscanos. Predicaron primeramente el Evangelio en unión con ellos, en las Antillas, donde en 1511 se erigió el primer obispado de Santo Domingo. Se extendieron luego por el continente, siendo los primeros en entrar en Chile (1541), colaborando con los franciscanos y jesuítas en Nueva Granada (Colombia y Venezuela), donde desplegó su maravilloso celo San Luis Beltrán (t 1581). En Perú penetraron con los conquistadores (1533), no siendo pequeño el trabajo de convertir a aquellos indígenas que ya po– seían una civilización relativamente elevada, y que no podían olvidar la crueldad de algunos aventureros. Así que hicieron al principio poco fruto, y aun algunos de ellos, como el obispo Val– verde, fué martirizado por los indios, cuando estaba celebrando misa, en 1543. Otros muchos dominicos, como el P. Antonio Ber– nal, P. Pablo de Bustamante, etc., fueron martirizados por los indios araucanos de Chile cuando intentaban evangelizarlos. Pero el más famoso de los misioneros dominicos de América fué el P. Bartolomé de las Casas. Nació en Sevilla en 1478, se embarcó para América con Colón en uno de sus viajes. Allí notó que algunos colonos españoles trataban con mucha crueldad a los indios, reduciéndolos a la esclavitud y sometiéndolos a trabajos forzados, por lo que tomó desde entonces tan a pecho su defensa, que dedicó todos sus esfuerzos a conseguir la abolición de tamaños abusos, para lo que escribió numerosos memoriales donde pintaba con los colores más vivos las crueldades que los «Encomenderos» cometían con los indios y suplicaba al rey y al Consejo de Indias que pusieran remedio a aquel estado de cosas. Hizo a este efecto siete viajes a España sin que, a pesar de eso, se pusiera oportuno remedio, pues había muchos beneméritos misioneros que, pensando de distinta manera que Las Casas, no creían conveniente dar entera libertad a los indios, criterio que, como más prudente, llegó a prevalecer en la Corte de España, que, por otra parte, proveyó lo mejor posible para que los indígenas fueran tratados con toda humanidad. No se desanimó por eso el P. Las Casas y siguió trabajando en favor de los indios, sobre todo después que en 1521, a los cuarenta y siete años, ingresaba en la Orden dominicana, logrando al fin que se les concediera una parcial libertad. Fué nombrado más (24) Cfr. ANTo,-¡ro DE S. MARÍA JABAOTAM, No1•0 Orbes Serafico brasilico OtL Chro– nica clos Frades Menores da Provincia do Brasil, R'o de Janeiro, 1858; A. LóPEZ, Los primeros franciscanos en Méjico, en Archivo Ibero-Americano, 1920; L. LEMMENS, O. F. M., Geseltiehte der Franziskanermissionen, c:111s. VII-VIII, Münster, 1929; M. Cr– VEZZA, O. F. M., Storia dclle missioni francescane, 11 vals., Roma, 1357-1895 28

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