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432 P. III.-MISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA Antonio de Marchena acompañó a Colón en el segundo viaje (1493); pero es cierto que marcharon en su compañía dos franciscanos belgas del convento de la Observancia de Ath (Hainaut), fray Juan de la Deule y fray Juan Tisin (o Cosin) (19). Después conti– nuamente la Orden franciscana envió numerosos grupos de mi– sioneros al nuevo y vastísimo campo de apostolado (20). Los franciscanos comenzaron por evangelizar las Antillas, y pasaron bien pronto al continente, donde se distinguió el P. Que– vedo, nombrado más tarde obispo de Darién (1513), el primero de la Tierra Firme. Doce franciscanos entraron en Méjico a raíz de la conquista de Cortés (1524), entre los que mercen mención especial Fr. Martín de Valencia y Toribio de Benavente o Moto– linia, autor de una célebre historia de aquellas misiones (21). Aunque al principio estos misioneros consiguieron poco fruto, debido, tal vez, a que los mejicanos habían quedado resentidos de la conquista, es lo cierto que al poco tiempo había ya cristianos suficientes para fundar una diócesis, de la que fué nombrado obis– po el franciscano Fr. Juan de Zumárraga (1528), quien, aparte de sus trabajos apostólicos, mereció bien de la cultura y de la civilización, pues introdujo en América algunas artes útiles, como la imprenta, siendo la que él fundó en Méjico la primera del Nuevo Mundo, y en la cual se imprimieron numerosas obras en doce idiomas diferentes. Franciscanos evangelizaron igualmente las extensas regiones de la América del Norte descubiertas y colonizadas por los espa– ñoles. Difundieron la fe en la Florida, Sonora, Nuevo Méjico, Arizona, Tejas (22) y California, donde son conocidos los trabajos apostólicos del célebre Fr. Junípero Serra (1784), fundador de varias ciudades, como San Francisco, Los Angeles, etc. (23). Los frailes menores fueron también los primeros en evangelizar las colonias francesas del Canadá a principios del siglo xvn. Se ex– tendieron además por todas las regiones del Sur: Nueva Grana– da, Brasil, Chile, Argentina y Perú, teatro esta última del celo infatigable de San Francisco Solano (1610). En resumen: bien puede decirse que no hubo región alguna de América en que no se grabara la huella de la sandalia de los hijos de San Francisco, (19) H. LIPPE:,,s. O. F. M., De Fr. Joanne de !a Deule, Missionario Americae, en Arcliivum Franc. Hist., 1934, t. XXVII, pp. 62-75; L. AsPURZ, o. c., :pp. 46 y slgs. (20) Cfr. H. HoLZAPFEL, Manua!e Hist. Ord. Fr. Min., rp. 451. (21) A. LóPEZ, O. F. M., Fr. Toribio Motolinia, en J!!uminaire, enero-febrero 1931; !DEM:, Los doce primeros apóstoles de Méjico, en Bib!iotlteca Hisp. Miss., t. III, pp. 201-227; R. RrcARD, La Conquete spiritue!!e du Mexique, París, 1933. (22) Cfr. H. HOLZAPFEL, Manua!e Hist. Ord. Fr. Min., pp. 468-476, Friburgi in Br., 1909. (23) Cfr. Z. E"IGELHARDT. O. F. M., Tite Missions and missionaries of California, 4 vols., San Francisco, HlOS-1915; FR. PALou, Evangelista de! Mar Pacifico, Fr. Juní– pero Serra, Madrid, 1944: HERRERA CARRILLO, Fr. J1mipero Serra, civilizador de las Californias, Méjico, 1943
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