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426 P. III.-1\USIONOLOGÍA DESCRIPTIVA IV.-Las misiones en el Japón y en la Corea. 595. Bibliografía.-C. BAYLE, S. J.: Un siglo de cristiandad en el Japón, Barcelona-Madrid, 1935.-CARY: A History of Christianity in J apan ( 1549- 1909), 2 vols., London, 1909.-L. FROIS, S. J.: Relación del martirio de los 26 cristianos crucificados en Nagasaqui el 5 de febrero de 1597. Ed. R. GAL– DÓS, S. J., Roma, 1935. - GARCÍA GARCÉS: Relación de la persec-ución que hubo en la Iglesia del Japón, Madrid, 1625.-HoLZAPFEL: Manuale Hist. Ord. Fr. Min., pp. 480-485.-MONTALBÁN: Hist. de las Mis., pp. 315-331.-"L. LEM– MENS: Geschichte ... , pp. 155 y sigs.-Lrno M. PEDOT, O. S. M.: S. C. de Pro– paganda Fide e le Missioni del Giappone (1622-1838). Studio storico-critico sui documenti dell'archivio della stessa S. C. ed altri archivi romani, Vi– cenza, 1946.-L. PÉREZ, O. F. M.: Varios artículos sobre las misiones fran– ciscanas en Asia, en Archiv. Franc. Hist., tt. !-VII, y en Archiv. Ibero-Ame– ricano, tt. I-XXIX.-SicARDO: Cristiandad del Japón y dilatada persecución, Madrid, 1698.-STREIT-DINDINGER: Biblioth. Miss., tt. IV, V, X. 596. San Francisco Javier tropezó al principio, en la evangeli– zación del Japón, con la oposición de los bonzos, especie de sacer– dotes paganos que pasaban, al mismo tiempo, por los intelectuales del país; pero cuando logró, a fuerza de razones y, sobre todo, ayudado por la gracia de Dios, convertir a dos de los más princi– pales, muchedumbre de paganos, imitando el ejemplo de sus bon– zos, abrazó el cristianismo, teniendo el Santo el consuelo de dejar, a su partida del Japón, unos 1.500 fieles. El P. Cosme de Torres y el Hno. Juan Fernández, que habían sido compañeros del Santo en sus tareas apostólicas, prosiguieron trabajando después de su salida, recibiendo bien pronto el refuerzo de nuevos misioneros jesuítas, entre los que son muy dignos de mención los PP. Barreto, Almeida, Gago, Coelho, Frois y Villela, que consiguieron con su gran celo convertir a muchos principales bonzos, cuyo ejemplo siguieron multitud de paganos. El P. Cabral tuvo también la dicha de convertir al rey de Bungo, Civandono, quien, a su vez, se convirtió en apóstol de sus súbditos, progresando el catolicismo desde entonces en tal grado, que al poco tiempo había ya en el Japón más de 100.000 católicos, especialmente en la ciudad de Nagasaki, donde los jesuítas cons– truyeron su residencia. El insigne misionero P. Valignani, Visitador de los jesuítas del Japón, creyó muy oportuno, para demostrar a Europa y al Sumo Pontífice los progresos del cristianismo en aquel país, y, al mismo tiempo, para que los japoneses conocieran más a fondo la civiliza– ción cristiana, enviar una embajada a Roma, compuesta de nobles japoneses, convertidos al catolicismo, que, en efecto, se hicieron a la vela en Nagasaki el 22 de febrero de 1582, siendo recibidos en Madrid con gran solemnidad y agasajados por Felipe II, y en Roma,

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