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422 P. III.-MISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA La evangelización del Congo fué, en realidad, demasiado rá– pida ; el clero indígena, poco numeroso y mal disciplinado; la formación cristiana, muy superficial; así que muchos cristianos se dejaron arrastrar por sus antiguos vicios y abandonaron la fe. A fines del siglo xv empezó la evangelización de Angola por los misioneros que venían del Bajo Congo. Al fin del siglo xvI el cristianismo era muy floreciente; de tal modo, que en 1590 se dice que había ya 20.000 cristianos dirigidos por las importantes estaciones misioneras de Loanda y Masagán. Pero sea por las per– secuciones, sea por las enfermedades, sea también por el escaso número de misioneros, los habitantes cayeron luego en la idola– tría, y en la primera parte del siglo xvII el cristianismo había casi desaparecido. Aunque en el siglo xv ya se encuentran algu– nas conversiones en Guinea, sin embargo las verdaderas Misiones empezaron a principios del siglo XVII (1604). Felipe III, rey de España y Portugal, envió jesuítas, que se establecieron en varias ciudades y extendieron también su apostolado hasta Sierra Leo– na. La vida religiosa llegó a un notable desarrollo, como se puede deducir de los vestigios de conventos e iglesias que se encuen– tran como la de Santo Domingo, San Felipe Neri, San Jorge, etc., las cuales recuerdan las diversas familias religiosas que allí tra– bajaron. La Misión de Mozambique se remonta a la expedición de Ca– bral (1500). San Francisco Javier, durante su paso hacia la India, se detuvo allí algún tiempo, pero parece que se ocupó sólo de los soldados portugueses. En 1548 se establecieron los dominicos, a quienes siguieron en 1560 los jesuítas y en el siglo XVII los agusti– nos y franciscanos. Paulo V, en 1616, separó Mozambique de la jurisdicción de Goa y creó una Administración Apostólica, que en 1783 fué declarada Praeiatura Nuliius. Desde mediados del si– glo XVII hasta la segunda mitad del xix, las Misiones fueron siem– pre en decadencia. Los primeros ensayos de evangelización en Madagascar se de– ben a los dominicos (1540); a partir de 1613 trabajaron también durante veinte años los jesuítas; en 1643 llegó un sacerdote secu– lar; hacia el 1647, los carmelitas, y desde 1648 hasta 1674, los la– zaristas que perdieron allí 21 sacerdotes y 10 hermanos. Parece que algunos dominicos lograron penetrar en Etiopía a fines del siglo XIII y principios del xiv sin resultados prácticos. Después de los descubrimientos portugueses se iniciaron relacio– nes con Lisboa y con Roma. Se hicieron también tentativas de unión con la Iglesia Romana bajo León X y Clemente VII. Son dignos de especial mención los trabajos apostólicos de los misio– neros jesuítas en Abisinia, a donde Julio III, en 1554, envió una expedición en cuya organización intervino San Ignacio. Fué nom-

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