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CAP. IV.-EDAD MODERNA (SIGLOS XV-XVIII) 417 582. La Compañía de Jesús.-Es ya creencia común entre los católicos que la Compañía de Jesús fué suscitada (1540) por Dios, providencialmente, para oponerla a la Reforma protestante, pues ambas nacieron casi simultáneamente (1). Ya desde sus principios comenzaron los jesuítas a ejercer su misión entre los protestantes, pues tres de los primeros compañe– ros de San Ignacio fueron enviados por el Papa a Alemania: Pe– dro Fabro, Le Jay y Bobadilla, quienes con la predicación, con el buen ejemplo de su santa vida, con la práctica de los Ejercicios Espirituales, cuyo empleo dió magníficos resultados, ganaron mu– chísimas almas para la Iglesia. Ninguno, sin embargo, de estos celosos misioneros jesuítas al– canzó fruto tan copioso como San Pedro Canisio (1597), que, a instancias de Pedro Fabro, abrazó la Compañía, y que bien puede llamarse «el Apóstol de los protestantes» de Alemania. Trabajó incansable en su conversión con sus famosas catequesis, en que se esforzaba principalmente en ganar a la juventud, con sus fre– cuentes polémicas acerca de los dogmas negados· por los herejes; valiéndose también de la pluma, escribiendo su famoso ,Catecis– mo, donde encontraron los misionerqs católicos armas para com– batir la herejía. A estos misioneros siguieron otros muchos hijos de San Igna– cio, que, extendiéndose por toda Alemania, Suiza, Polonia, Hun– gría, pusieron un dique inquebrantable al avance del protestan– tismo, de tal manera, que bien puede decirse con el historiador de la Iglesia J. Marx, «que al influjo y predicación de los jesuítas debe Alemania la conservación de su fe católica» (2). 583. La Orden Capuchina. - «Compitió con la Compañía de Jesús-son palabras del mismo historiador-en la extensión y efi– cacia de sus ministerios, principalmente en Alemania, la Orden de los Capuchinos» (3) (1528), suscitada igualmente por Dios en aquellos tiempos difíciles, para oponerse al avance de las herejías modernas. En Italia fueron los capuchinos Santiago de Molfetta, Juan de Fano y Jerónimo de Pistoya los que dieron la voz de alerta contra los errores protestantes. El celo de San Lorenzo de Brindis (1559- 1609), del Beato Benito de Urbino (1560-1625), del V. Marcos de Aviano (1631-1699) y de otros muchos capuchinos, logró no sólo conservar la fe en muchas regiones de Europa central, sino vol– ver a la obediencia de la Iglesia comarcas enteras infestadas ya por la herejía. (1) Cfr. P. P. LETURIA, S. J., El plan misionero de Montmartre, Siglo de las Misiones, número extraordinario, diciembre Ul29. (2) J. MARX, Historia de la Iglesia, n. 130, p. 562, trad. Rurz AMADO, Barcelo– na, 1929. (3) J. MARX, O. C., p. 566. 27

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