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CAP. III.-EDAD MEDIA (SIGLOS v-xv) 411 573. Raimundo Lulio (1236-1315).-Entre todos los m1s10neros del siglo XIII ninguno desarrolló actividad tan VJ.riada y asom– brosa como este hijo de San Francisco, mallorquín, gloria de Es– paña y de la Orden franciscana, a que pertenecía en calidad de terciario regular. Aprendió el árabe a costa de grandes sacrificios en su edad madura, con el fin de poder predicar personalmente el Evangelio a los musulmanes y moros del norte de Africa, con los cuales dis– putaba sobre cuestiones de religión, pasando en este apostolado innumerables fatigas, desprecios y malos tratos, sostenido siempre por su ideal, que no era otro que el convertir al Evangelio a aque– llos irreconciliables enemigos de los cristianos. No contento con la palabra, utilizó también la pluma, escri– biendo numerosas obras de controversia, proponiendo al Papa, en el Concilio de Viena (1311), el establecimiento de colegios misio– neros, donde se estudiasen lenguas orientales, necesarias para que el ministerio apostólico entre aquellos pueblos fuese más fructuoso. Trabajó ante el Papa y ante los príncipes católicos para rescatar los Santos Lugares (27). 574. Societates Peregrinantium propter Christum.-Con el fin de que, aunados los esfuerzos, pudiera conseguirse fruto más co– pioso en la conversión de los infieles, los dominicos y franciscanos formaron unas sociedades misioneras mutuamente independientes denominadas Societates Peregrinantium propter Christum, apro– badas por la Santa Sede, con sus Vicarios generales sometidos, como es natural, a sus respectivos Generales, pero con Estatutos propios. Tenían por finalidad la propagación de la fe, sobre todo en el Oriente (28). 575. Misiones entre los mogoles y chinos.-Los mogoles o tár– taros ocuparon Rusia y Polonia, vencieron las tropas del Duque de Silesia en Liegnitz (1241), atravesaron los Cárpatos, acamparon en Austria y llegaron a la región fruilana y a las ciudades marí– timas de Dalmacia. Con la muerte del Gran Khan Ogodai (1241) se retiraron de Europa, pero se temían siempre nuevas invasiones destructoras. El Papa Inocencio IV, para conjurar el peligro mo– gólico, pensó ponerse en contacto con los tártaros y, a ser posible, conquistarlos pacíficamente para la fe, como sucedió en tiempo de los bárbaros. A tal efecto determinó mandar legaciones diplomá- (27) E. LOXGPRE, o. F. M., Lu!!c (Ravmond), en Dict. ThéoL cath., t. I. col. 1072-1141. (28) R LoExEnTz, O. P., La Société des Freres Pérégrinants. Etude sur l'Orient dominicain, Homa. 1937; G. GOLUBOVICH, O F. M.. Biblioteca bio-bib!iografica della Terra Santa e dc!!'Oriente Francescmw, t. I. p. 228, n. 1.252. Quaracchi, 1900.

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