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·llü P. III.-MISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA rruecos (1225). Se refiere que Guillermo de Trípoli llegó a conver– tir más de 1.000 sarracenos. Por último, su apostolado entre los moros y judíos de España no fué menos fecundo, dirigidos en él por San Raimundo de Peñafort (h. 1180-1275), a quien se debe la feliz idea de fundar Colegios de hebreo y de árabe, donde pudieran formarse convenientemente los dominicos que se sintieran con vo– cación para estas difíciles misiones. Se dice que San Raimundo aconsejó a Santo Tomás la composición de un Manual de Apolo– gética católica, que los misioneros dominicos pudieran llevar con– sigo, sobre todo en sus misiones entre sarracenos, y que a este consejo se debe la famosa «Summa contra gentiles» (26). 571. !\'.fisiones de los franciscanos.-A la par de los dominicos, los franciscanos siguieron las huellas ele su santo fundador, que en su ardiente celo quiso llevar personalmente la luz del Evan– gelio a los mahometanos, para lo que emprendió su famoso viaje a Oriente, llegando a predicar ante el mismo Sultán de Egipto (1219). Con intención de pasar a Marruecos, había vPnido también a Es– paña (1214); pero, por razón de salud, tuvo que desistir de la empresa. Dios le tenía reservado para ser maestro de misioneros más que para serlo él mismo; pues fué el primer fundador que legisló en su Regla acerca de las misiones entre infieles. Sus hijos, adiestrados por tan excelente maestro, no tardaron en dar pruebas de su celo apostólico. Así vemos que ya en los principios de la Orden y aun en vida del santo Patriarca, cinco frailes menores. San Berardo y compañeros predicaron la fe en Marruecos (1219), donde alcanzaron la palma del martirio. Otros cuatro fueron martirizados en Túnez (1227); por la misma causa dos en la ciudad de Valencia, ocupada aún por los moros. En Europa tenían misiones los franciscanos en Rusia, en Bulgaria, en Albania y en Grecia, donde se distinguieron como insignes misio– neros, Fr. Juan de Aragón y Fr. Jerónimo de Ascoli, que después fué Papa, con el nombre de Nicolao IV. 572. Los franciscanos en Tierra Santa.-San Francisco, al vol– ver de su excursión misionera del Oriente, no quiso abandonar aquellos países al error, y dejó encomendadas aquellas misiones, que tenían por centro los Santos Lugares, a Fr. Marcos de Puglia, a quien sucedió poco después el B. Benito de Arezzo. Permanecie– ron los franciscanos desde entonces en la Custodia de Tierra Santa, fundando numerosos conventos, sufriendo constantes persecucio– nes de parte de los turcos y regando en muchas ocasiones con su sangre aquel suelo santificado con la preciosísima del Redentor. (26) Cfr. B. Ar.TANER, Dominikanermissionen des 13 Jahrhundern, p. B4. Habel– schwerdt, 1924.
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