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40G P. III.-MISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA La princesa Olga, viuda del gran duque Igor, y que había sido bautizada solemnemente en Constantinopla, con el nombre de Elena, tan pronto como volvió a Rusia comenzó a trabajar por la conversión de su pueblo con éxito muy notable. Su nieto Wla– dimiro, llamado «el Apostólico», casado con la princesa griega Ana, dió un gran impulso a la conversión de los rusos, mandando des– truir los templos y los ídolos del paganismo, fundando monaste– rios y escuelas para instrucción de los nuevos convertidos. Su sucesor, Jaroslao, completó la conversión del país. Kiew fué eri– gida en metrópoli (1035), dependiente de Constantinopla (21). San Adalberto, obispo de Praga, y San Bruno de Querfurt, con otros compañeros, en los siglos x y xI cayeron víctimas de los prusianos, quienes rechazaban constantemente a los misioneros, hasta que, sometidos por los caballeros teutónicos y movidos por el buen trato que les dieron y por la actividad de los monjes, admitieron el catolicismo de buen grado (22). No costó menos la evangelización de los húngaros o magiares, que durante mucho tiempo fueron la pesadilla de los reinos veci– nos hasta que, convertido su rey San Esteban (997-1038), logró, con la cooperación de San Alberto, obispo de Praga, la conversión de sus súbditos (23). 564. Las Cruzadas.-Terminada, o, por lo memos, en marcha triunfal la propagación de la fe católica por los pueblos venidos del Norte, hubo de sufrir un grave contratiempo por la invasión de los infieles del Sur, los árabes, que en poco tiempo se apode– raron de extensos países donde florecía la religión católica y, lo que fué más de sentir, cayeron también en su poder los Santos Lugares de Jerusalén. Mas la reacción de las naciones católicas no se dejó esperar mucho tiempo, y a fines del siglo xr comenza– ron aquellas célebres expediciones militares, para recobrar el San– to Sepulcro, que recibieron el nombre de Cruzadas y duraron dos siglos (1095-1270). Aunque el fin principal de las Cruzadas fué, sin duda, la re– conquista de los Santos Lugares, en la mente de los Papas entraba también el atraer al seno de la verdadera Iglesia a los cismáticos de Oriente y el de implantar el catolicismo entre los musulmanes; pero, si el fin principal fracasó por falta de unión entre los prín– cipes cristianos, el otro objetivo no tuvo mayor fortuna, quedando plenamente demostrado, desde entonces, que las armas no son el medio más eficaz para atraer a las gentes a la verdadera fe. (21) Cfr. SE."LER, De primis initiis christianae ínter russos religionis, 1763; VARDIER, Origines cathotiqucs cic !'Eglise russe, 1856. (22) EwAlJl, Die Erobcnmg Prcussens durch die Deutschen, t. IV, Halle, 1872-87. (23) Cfr. P. A. Boo, Historia IIungarorum ecclesiastica, Leide, 1388.
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