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CAP. III.-EDAD MEDIA (SIGLOS v-xv) 403 tentes. San Bonifacio, en las graves contrariedades que le salían al paso en su apostolado, solía escribir y confiarse con su antiguo maestro Daniel de Winchester, el cual le daba sabios y prudentes consejos acerca del modo de evangelizar y desterrar los errores paganos. Sus instrucciones contienen admirable doctrina sobre la adaptación (13). Conducida a término la gigantesca obra de conversión y de re– forma en Alemania, Bonifacio se dirigió a Frisia. Después de ha– ber evangelizado a los frisones, recibió, con otros compañeros, la palma del martirio en Dokum, el año 754 (14). Los sajones, que se habían resistido obstinadamnlte a las pre– dicaciones de San Bonifacio y de otros misioneros, _;ior considerar al catolicismo como la religión de los francos, sus enemigos, se so– metieron bajo el influjo de Carlomagno (742-814). La obra de la evangelización se confió a los obispados de Würzburgo, Colonia, Utrecht, Maguncia ... , y a los monasterios de Fulda, Amorebach y Hersfeld. Se distinguieron entre los celosos misioneros San Willehad. obispo de Bremen, y San Liudgero, obispo de Münster (15). 562. Conversión de los pueblos del norte de Europa. - San Willibrordo y Ebbo, obispo de Reims, habían trabajado ya en la conversión de los escandinavos, pero la verdadera obra de evan– gelización empezó con el monje benedictino San Anscario, su más esclarecido apóstol, que trabajó durante muchos años en aquellas frías regiones, consiguiendo convertir al catolicismo numerosas gentes. El bautizó a Harald, rey de Dinamarca; fué consagrado arzobispo de Hamburgo por Gregario IV y nombrado Legado suyo con amplios poderes en aquellos países. Anscario murió en el 865, y los daneses le veneran como su apóstol. Le sucedió San Rim– berto, que continuó con fruto la obra de evangelización. En tiem– po del rey San Canuto el Grande (1035) la mayor parte de la po– blación era ya cristiana ; los sucesores se esforzaron en la difusión del Evangelio, aumentando cada vez más el número de los ca– tólicos. Más difícil fué la conversión de Suecia, donde trabajaron como misioneros Anscario y Gauzberto. El rey Sverker (1133-1155) fun– dó los primeros monasterios, levantó la iglesia de Upsala, decla– rada metrópoli en el 1162. A Suecia le cupo la suerte de tener una (13) Cfr. G. Kunm, Saint Boniface, p. 29, Paris, 1913. (14) Cfr. SCHM!DLIN, o. c., ,pp. 125 y sigs.; CALLAEY, o. C., ¡¡:,p. 25-26; Jos. Juxc;– DIEFENBACH, Die Friesenbelcehrung bis zum Martertode des lt!. Bonifatius, Mod– ling b. Wicn, 1931; FRAXZ FLASKAMP, Das Todesjahr des hl. Bonifatius, en Hist. Ja.hrbuch, 1927, pp. 473 y sigs. (15) Cfr. H. WIEDMANN, Die Sachsenbckchrung, Hiltrup b. Münster, 1932.
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